SHANGHÁI

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Para quienes desean emprender un largo viaje hacia la co-dependencia y la separación.

SHANGHÁI

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (@RiAlCastillo)

 

“Un avión no es nada sin los pasajeros.”

Su relación ha comenzado y terminado tantas veces que pareciera que han perdido la cuenta. Se aman, se detestan, se necesitan, aunque pareciera que harán hasta lo imposible por alejarse. Ahora, en el más reciente intento por rescatar algo que claramente no desea ser salvado, ambos suben a un avión con destino al otro lado del mundo. Los dos tienen la vana esperanza de que la distancia kilométrica hacia el oriente, hacia una mítica pradera con cascadas, será capaz de sanar a esta moribunda y disfuncional pareja.

“¿Qué te parece si volvemos a empezar?”

La co-dependencia, el profundo desgaste que viene con el tiempo y un sentimiento de amor-odio que mina cualquier posibilidad de alcanzar la felicidad juntos son algunas de las situaciones que retrata autor Gibran Portela en su obra “Shanghái”. Basado en la película de 1997 Happy Together del director Wong Kar-wai, esta muy poética pieza teatral muestra a dos hombres que alguna vez se amaron y que ahora no encuentran la manera de separarse a través de un largo viaje en avión con destino a China, a un nuevo empleo en un restaurante mexicano, a la ilusión de una vida mejor o simplemente a alcanzar la libertad.




“Tú dijiste que te ibas a encargar de mí.”

Justo cuando pareciera que la felicidad se asoma para uno de los miembros de esta ponzoñosa pareja, el otro aparece con las manos destrozadas, dejándolo a la merced y piedad de que su pareja lo cuide en todo momento. El haber escapado a China los ha dejado más solos y perdidos que antes. La adaptación que realiza Portela del cine al teatro en “Shanghái” es pertinente, teatral en su forma y diálogos, principalmente en su manera de presentar a dos hombres atrapados en un mundo devastador de su propia creación. Al mismo tiempo también logra traducir la historia de Hong Kong y Argentina a un universo mucho más relevante y cercano para el público mexicano que no necesariamente conectaría con el material original. A pesar de ciertos guiños metateatrales innecesarios, Portela crea un crudo, pero poético texto que perfectamente puede reflejar la realidad de innumerables parejas.

“Te odio tanto porque te conozco tanto.”

En un escenario iluminado por la nieve de un televisor antiguo y varias lámparas chinas colgando del techo, una azafata realiza un sincero lip-sync a la canción Yue Liang Dai Biao Wo De Xin de la cantante taiwanesa Teresa Teng. Mientras tanto, un compañero de trabajo se pasea por el lugar con un gato chino de la suerte en sus manos y los amantes se conocen, enamoran, se cansan y pelean en una danza que encierra toda su relación a lo largo de una sola canción. Apoyado por un muy buen trabajo de iluminación y escenografía de Félix Arroyo, la dirección que Pablo Marín aporta a “Shanghái” fortalece la dramaturgia, creando momentos de verdadera intensidad y dolor o soledad al mismo tiempo que da ritmo y agilidad a través de diversos juegos escénicos bajo la premisa de que la acción siempre se desarrolla durante un viaje por los aires. De tal manera, un entrañablemente patético momento en que los amantes están acostados uno encima del otro sobre una pequeña silla se contrapone con escenas donde los besos se entregan a través de guantes de hule o el desdén y el cansancio se hacen patentes con una pequeña lluvia de cigarros sobre un hombre vencido y acabado. Marín imprime su huella sobre el patetismo haciendo verdadera magia.




“Me pregunto si sigo siendo yo cuando tú no estás.”

Entre seguir complejos movimientos coreográficos, que combinan las instrucciones que normalmente se dan en los vuelos con ilustrar las emociones subyacentes en los personajes principales, y dotar de la necesaria verdad la representación, el elenco alternante de “Shanghái” conformado por José Cremayer, Axel Arenas, Emiliano Ulloa, Isaí Flores, Klaudia García y Luis Eduardo Yee cumple cabalmente con los requerimientos necesarios para que la puesta en escena funcione. Operando como una unidad más que como individuos, el ensamble consigue momentos poderosos gracias a la capacidad del director de plasmar su visión en manos de actores comprometidos con el proyecto.

“Nos dejaste sin cosas favoritas.”

Resulta prácticamente imposible no reflejarse en “Shanghái”. Siendo un confeso miembro de CODA (Codependientes Anónimos) que pasó 10 años de su vida atrapado en una relación por demás destructiva y que una vez que se vio liberado de ella no sabía que hacer con su vida, no pude evitar recordar esos momentos en que odiaba a esa persona con quien estaba al mismo tiempo que no encontraba la manera de librarme de ella. El amor y el odio están tan íntimamente ligados que resulta a veces distinguirlos entre sí.

 

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “Shanghái”

DRAMATURGIA: Gibrán Portela

DIRECCIÓN: Pablo Marín

ACTÚAN: Luis Eduardo Yee, José Cremayer, Axel Arenas, Emiliano Ulloa, Isaí Flores y Klaudia García (alternando funciones).

DÓNDE: Teatro Sergio Magaña

DIRECCIÓN: Sor Juana Inés de la Cruz 114, Colonia Santa María la Ribera. Cerca de Metro San Cosme.

CUÁNDO: Martes y Miércoles 20:00 horas. Hasta el 22 de Agosto.

COSTO: $149 Entrada general. Aplican descuentos. Boletos en taquilla.

DURACIÓN: 60 minutos sin intermedio.

DATOS DE LOS TEATROS: No cuenta con valet parking o estacionamiento.

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años de experiencia en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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