SEMINAR

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Para quienes quieren divertirse con la tortura mental que implica aprender el difícil arte de escribir.

SEMINAR

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Juan Rodrigo Becerra Acosta

“Los escritores, en su estado natural, son animales salvajes.”

Tomás no ha llegado a tan lujoso departamento para hacer amigos, ni para ser amable con los cuatro aspirantes a escritores que tiene enfrente. No, él ha venido a enseñar, a criticar, a exponer las evidentes deficiencias de un texto abominable del cual no se puede leer ni la primera oración o para alabar el trabajo de un joven cubano transexual que ha decidido escribir sus memorias. El mundo editorial actual es feroz. Sin importar si se tiene en verdad la madera para escribir lo que se considera hoy en día literatura o no, quienes quieren acceder a él deberán curtirse la piel para sobrevivir o mejor será que renuncien en el camino.

“Yo voy a escribir una novela que escandalice a todos.”

Una privilegiada joven atrapada por un texto que no ha podido terminar en más de seris años; un verborréico novelista con las conexiones adecuadas para triunfar; una mujer que entiende claramente sus capacidades físicas e intelectuales para poder alcanzar sus metas, y un atormentado artista que es capaz de juzgar a todos a su alrededor, más imposibilitado a exponer sus propias ideas a los demás. Cuatro ambiciosos escritores, cada uno con sus propias psicopatías, han pagado $5,000 dólares por cabeza a un amargado editor por un curso de 12 semanas. Este es el planteamiento sobre el que se basa “Seminar”, obra de la dramaturga norteamericana Theresa Rebeck que en 2011 estrenó en Broadway con muy positivas críticas.




“No puedo pasar de la primera oración.”

Pedante al extremo, ofensivo en sus comentarios, e incapaz de recordar el nombre de sus alumnos, Tomás no tiene el menor filtro para decir exactamente lo que piensa sobre los escritos que le son entregados cada semana para ser revisados. Entre reacciones que van desde la sorpresa hasta la más profunda depresión capaz de llevar a una mujer a comer papas fritas con mantequilla de cacahuate, los cuatro jóvenes descubren que la verdad dista mucho de los sueños de crear arte que albergan. “Seminar” ante todo es una comedia de humor profundamente negro. La miseria que retrata Rebeck en cada uno de sus personajes es motivo de grandes carcajadas. Sin embargo, la reflexión que ofrece la autora a la realidad detrás del mundo editorial, una donde los escritores cada vez valen menos, una frase malintencionada puede destruir carreras y donde a veces el ser anónimo puede ser una gran oportunidad profesional, es tanto escalofriante como mordaz. Es en este balance entre lo cómico y lo real, entre lo que se sueña y lo que se puede alcanzar, que la obra cobra un peso mucho más profundo, principalmente gracias a la compleja manera en que cada uno de los personajes ha sido desarrollado para llegar a una conclusión redonda y contundente.

“Cada palabra que escribimos es sagrada

El departamento donde las clases tienen lugar tiene paredes de papel, frágiles como los egos de los estudiantes de Tomás. Entre escena y escena, se escucha un jazz profundamente neoyorquino compuesto por Andrés Penella. A los laterales del escenario se encuentran algunas sillas donde los actores toman asiento cuando salen de escena. Este último elemento se ha convertido en una de las rúbricas del director Diego del Río, responsable de exitosos montajes como Las Tres Hermanas, El Zoológico de Cristal y Buenas Personas. Fluida en su ritmo, libre de gran parafernalia, permitiendo que sea la dramaturgia y principalmente la actoralidad lo que domine la puesta en escena, “Seminar” es una de las muestras del por qué del Río es considerado uno de los mejores directores jóvenes en la escena teatral contemporánea. Salvo por una escenografía a cargo de Gerardo Javier Ángeles que resulta innecesaria por la presencia de un segundo piso desde donde Tomás avienta hojas de manuscritos tanto a sus alumnos como hacia las butacas, la dirección escénica cumple con fortalecer la historia que se debe contar, acentuando la comedia, resaltando el patetismo en que cada uno de los personajes se encuentra atrapado.




“La ficción es un arte extinto.”

Tras recibir una devastadora crítica por parte del profesor, Karen guarda silencio. Sin embargo, su mirada desborda odio, cada uno de sus gestos denota cuán lastimada y ofendida se siente, hecho que culminará con un enorme bocado de masa de galleta en su boca. Por su parte, Tomás resulta desagradable en su pomposidad mientras habla de sus muy interesantes viajes, derrocha complacencia al abordar cada nueva página que se le entrega para leer, es capaz de quitarse toda la parafernalia de encima para mostrarse frágil, vulnerable y profundamente cansado cuando la realidad se le viene encima. Los dos pilares que convierten “Seminar” en una opción imperdible son las actuaciones a cargo de Aída del Río y de Rafael Sánchez Navarro como Karen y Tomás respectivamente. Ambos actores se apropian de sus personajes de manera absoluta, cada movimiento, frase o gesto entregado con absoluta verdad, siendo además de gran punto la manera en que esta honestidad se explota hacia la comedia como lo hace Aída en su profunda ira. Junto a ellos, Cristian Magaloni y Begoña Narváez realizan sólidos trabajos dentro de las exigencias de sus propios personajes, accionando desde un sentido de derecho en el caso del primero, desde la falsa vacuidad en la segunda. No obstante, la interpretación que realiza Octavio Hinojosa como el atormentado Martín, personaje responsable de gran parte de la carga emocional de la última parte de la obra, se encuentra por debajo del resto del elenco, hecho que afecta de manera directa el resultado final de la puesta en escena.

“Hay que sentir algo para poder escribir… algo más que amargura.”

Soñar con ser escritor en el siglo XXI es aceptar las reglas de un juego que ha cambiado profundamente desde los tiempos de Jane Austen. Lejos de buscar al nuevo Shakespeare, Wilde o Dostoievski, las editoriales buscan quien pueda escribir una novela romántica fácil de digerir, quien le pueda dar sentido a la historia escrita por un amateur o quien pueda crear la nueva serie de gran éxito para Netflix. Entre todas las exigencias de una industria tan cambiante… ¿todavía hay algún lugar para el arte? Esta fue una de las muchas preguntas que me hice, y que discutí ampliamente, al terminar de aplaudir “Seminar”, la primera gran obra del 2020.

 

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “Seminar”

DRAMATURGIA: Theresa Rebeck

TRADUCCIÓN: María Renée Prudencio

DIRECCIÓN: Diego del Río

ACTÚAN: Rafael Sánchez Navarro, Octavio Hinojosa, Aída del Río, Cristian Magaloni y Begoña Narváez.

DÓNDE: Teatro Milán

DIRECCIÓN: Lucerna 64 esquina con Milán, Colonia Juárez.

CUÁNDO: Viernes 20:45, Sábado 18:00 y 20:30, Domingo 18:15 horas. Hasta el 22 de Marzo 2020.

COSTO: $500 y $400. Boletos en taquilla y www.ticketmaster.com.mx Aplican descuentos.

DURACIÓN: 120 minutos con un intermedio.

DATOS DEL TEATRO: Cuenta con valet parking. Les recomendamos revisar el resto de su cartelera, así como las obras que se presentan en el Foro Lucerna, dentro del mismo edificio.

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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