POR JODIDOS Y HOCICONES MATARON A LOS ACTORES

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Para quienes quieren reír con la muy lamentable historia de tres cadáveres cabareteros.

POR JODIDOS Y HOCICONES MATARON A LOS ACTORES

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (@RiAlCastillo)

“¡Qué pinche aburrido es ser muerto!”

Arrastrando una carreta, tres ánimas aparecen en el escenario vacío de un distinguido teatro. Son ya más de 100 años desde que dejaron de morar estas tierras como seres vivos, es más de un siglo desde que perdieron la vida asesinados por un sistema que veía en ellos una terrible amenaza. Por jotos, insurrectos, cómicos, rebeldes, músicos o por ser meros actores, el compiadre, el compita y este güey han sido condenados a deambular por la tierra de los vivos en busca de sus restos… y de paso hacer reír a uno que otro incauto.

“¡Nos está viendo gente viva!”

César Enríquez, una de las figuras más renombradas en el cabaret mexicano contemporáneo y el merecedor de una estruendosa ovación de pie en la clausura de la pasada Muestra Nacional de Teatro en la Ciudad de León, Guanajuato, por su espectáculo unipersonal La Prietty Guoman (crítica en www.entretenia.com), escribe, dirige y actúa en su más reciente creación “Por Jodidos y Hocicones Mataron a los Actores”. Este ambicioso trabajo que busca entremezclar elementos del cabaret contemporáneo con el teatro de callejero de principios del siglo XX mejor conocido como de carpa y el teatro de revista de la misma época es el resultado de una investigación que le ha tomado varios años realizar como becario del FONCA.

“41 lagartijos, disfrazados la mitad de simpáticas muchachas, bailaban como el que más.”

Dos criadas chismean a rienda suelta sobre un baile nefando donde 41 lagartijos fueron arrestados por la policía. Bueno, en realidad eran 42, pero nadie quiere aceptar que el Primer Yerno de la Nación estaba presente en tan vergonzoso acontecimiento. Un número cómico intitulado Don Porfirio y su Bandido provocó la ira de las autoridades, provocando que se cerrara el teatro itinerante donde la bella Rosita ejecutaba el más bello de los cancanes. Un pequeño bautizado en honor a uno de los héroes menos recordados de esta nación es parte de una historia demasiado dolorosa de contar. Cada una de las diferentes secciones que conforman “Por Jodidos y Hocicones Mataron a los Actores” es testamento de la gran capacidad e ingenio que tiene Enriquez en la dramaturgia para la comedia disidente, feroz y dolorosa. Resulta impresionante escuchar carcajadas entre las butacas mientras se comprueba que el México de hoy no es tan diferente del de hace 100 años, mientras se escucha una verdadera historia de terror sobre la discriminación rampante que existe en este país, mientras tres actores se lamentan de cómo fueron aniquilados por atreverse a decir la verdad. De igual manera es de admirar la capacidad que tiene el autor para capturar la esencia del teatro carpero de hace un siglo con todo y su música, del uso del lenguaje en toda su elocuencia y originalidad tanto para el albur más fino como para el más arrabalero, así como de crear una denuncia urgente sin caer en lo aleccionador o melodramático.





“Si siempre la librábamos, ¿cuándo nos morimos?”

Trapos y harapos que se convierten en bellos vestidos de gala o en provocadoras ropas íntimas, baúles que sirven como las candilejas de un teatro hecho con un huacal y una iluminación a base de Maizena capaz de crear nuevos escenarios dentro del teatro. La dirección a cargo del mismo César Enríquez de “Por Jodidos y Hocicones Mataron a los Actores” deslumbra por la calidad con que el creador ha concebido la puesta en escena a nivel estético. El vestuario de Brisa Alonso, la escenografía de Natalia Sedano, la iluminación de Edgar Sánchez y el maquillaje de Carlos Guizar son potentes y claros en sus propósitos y cumplen más allá de sus cometidos escénicos. Sin embargo, el ritmo del montaje es un elemento con el que se tiene que seguir trabajando para que la obra no decaiga y el flujo de la narrativa no se aletargue. De tal manera, la historia del baile nefando o el cancan de Rosita, las dos secciones mejor logradas del todo que conforma la puesta, deben ser la marca a seguir en el resto del montaje para que crezca a un todo contundente y absoluto.

“Me acabo de dar cuenta que yo era joto.”

Un esqueleto un tanto amanerado, un macho no tan macho, una empleada doméstica muy interesada en los últimos escándalos de sociedad, una actriz que nos recuerda mucho a la Doña cantando una hilarante zarzuela o un actor que no puede más con los atropellos que existen impunemente en este país. Cada una de las diferentes personalidades que asume César Enríquez como actor de “Por Jodidos y Hocicones Mataron a los Actores” demuestra lo íntimamente ligado que esta el actor con su propio proyecto, dejando el alma en el escenario. A su lado, Rodrigo Ostap y Pueblo López deben esforzarse para poder estar a la altura de la inmensa presencia que representa el también actor y director, siendo necesario para conseguir verdaderos resultados el accionar a partir de la verdad y la fractura y no del buscar la risa del espectador. Una vez que se consiga esto y el ritmo de la puesta se afiance de manera sólida, el proyecto cobrará dimensiones de hilaridad y potencia inimaginables.





“Nosotros fuimos nada más el pueblo, o sea nadie.”

Vivimos en un país donde una persona con orientación sexual diferente a la heterosexual puede ser agredido brutalmente, incluso asesinado, sin que pase nada; en México los feminicidios son el pan nuestro de cada día; nuestra nación se empobrece cada vez más debido a la bestial corrupción que nos domina. Todos lo sabemos, pareciera que nadie hace nada para solucionarlo. Sin embargo, tal y como lo dice Enríquez al final de “Por Jodidos y Hocicones Mataron a los Actores”, mientras exista un escenario para ladrar con viva voz los males de esta sociedad siempre habrá esperanza de que una nueva revolución surja de entre el pueblo en busca de mejorar las cosas.

 

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “Por Jodidos y Hocicones Mataron a los Actores”

DRAMATURGIA Y DIRECCIÓN: César Enríquez

ACTUAN: César Enríquez, Rodrigo Ostap y Pueblo López.

DÓNDE: Teatro Helénico dentro del Centro Cultural Helénico.

DIRECCIÓN: Avenida Revolución 1500, Colonia Guadalupe Inn.

CUÁNDO: Miércoles 20:30 horas. Hasta el 30 de Mayo. 2 de Mayo no hay función.

COSTO: $250 y $160. Disponibles en taquilla y Ticketmaster.

DURACIÓN: 95 minutos sin intermedio.

DATOS DEL TEATRO: Cuenta con valet parking. La Gruta es el espacio alternativo del Centro Cultural Helénico. Les recomendamos revisar su extensa cartelera.

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Juan Carlos Araujo

El mundo es un lugar horrible, horrible. Eso no significa que yo tenga que ser una persona horrible. EL JUEGO QUE TODOS JUGAMOS ALEJANDRO JODOROWSKI

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