MÉXICO 68

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Para quienes no olvidan.

MÉXICO 68

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (RiAlCastillo)

“¿Se imaginan vivir sin miedo?”

Posters de The Doors, The Beatles y del Che Guevara llenan las paredes de algún lugar anónimo desde donde la lucha continúa. Son cincuenta años los que ya pasaron y la herida sigue abierta, la denuncia más viva que nunca. Jóvenes acallados por el poder, gobernantes grotescos comandados por el más ridículo de todos, el más violento también, ideas que trataron de acallar a la fuerza y lo único que lograron es hacerlas imposibles de olvidar. Aunque los dioses griegos pretendan fingir que aquí no pasa nada con sus olimpiadas, hoy es dos de octubre, ayer fue dos de octubre como también lo será mañana. En este país siempre es dos de octubre pues la lucha pareciera no terminar jamás.

“La historia es una mascarada.”

En el marco de los cincuenta años de la matanza de estudiantes y civiles en la Plaza de las Tres Culturas por parte del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, el dramaturgo y director David Olguín ofrece su muy particular visión escénica de los hechos en su obra “México 68”. Contada a partir de la represión ideológica que el sistema trataba de ejercer sobre los jóvenes, así como del recuerdo de un sobreviviente de la masacre que no ha podido superar las pérdidas sufridas, Olguín construye una sátira donde el presidente Díaz Ordaz se convierte en una figura paterna caricaturesca que demanda de todos sus hijos con variantes de su propio nombre a que deglutan libros para la cena, so pena de castigo corporal, y donde la rebeldía podría resultar en una electrocución.




“18:14, el ejército invade la plaza.”

Cinco jóvenes a quienes se les ha prohibido cruzar una línea roja en el suelo debaten con grandilocuencia sobre el deseo de escapar, la necesidad de expresarse sin temor a las consecuencias, de su insaciable sed de libertad. En una escena más adelante, cuatro de ellos cenan con la cabeza gacha las hojas de los libros que padre ha servido para la cena. La rebelión está a punto de estallar bajo la presión que padre ejerce sobre una juventud que no está dispuesta a tragarse lo que el sistema les alimenta. “México 68” es una gran muestra de la capacidad dramatúrgica que tiene Olguín para plantear una historia desde diferentes ópticas e incluso tiempos, de su muy oscuro y bizarro sentido del humor satírico, de su potente manera de denunciar un sistema que fue capaz de asesinar sin miramientos en Tlatelolco al mismo tiempo que celebraba las olimpiadas. Sin embargo, también es importante mencionar que el escritor a momentos pareciera regodearse en su propia capacidad lingüística, haciendo uso de un lenguaje poco amigable para el espectador casual. Asimismo y bajo el mismo tenor, hay una extensión excesiva en cada una de las escenas que conforman la pieza, extendiendo innecesariamente la longitud de la puesta en escena que se beneficiaría de ser más concreta, evitar la perorata y así alcanzar mucha mayor contundencia.

“Tráguense enteritos a sus filósofos de la destrucción.”

Decidida a cruzar la línea roja, Bocaza salta al vacío. Al momento de brincar, el espacio se llena con el sonido de una guitarra eléctrica que pareciera desafiar a todos las generaciones pasadas con su estridencia. Al caer al suelo, el público no sabe si la joven se está electrocutando, está tocando la guitarra o regodeándose con su libertad alcanzada. En la parte superior del escenario se proyectan imágenes alusivas a los sesentas, tanto en su revolución ideológica como en las represiones que sucedieron en la época. Una vorágine de estímulos que abren paso a la siguiente escena donde un hombre ya de edad muy avanzada comenzará su transmisión clandestina en contra del gobierno represor. Visualmente “México 68” es un asalto a la mente perfectamente orquestado por el mismo Olguín para permitir diferentes lecturas del montaje dependiendo de los referentes socio-culturales que cada espectador traiga a la mesa. Ya sea con una satírica danza de hombres con caricaturescas máscaras de Díaz Ordaz y todos aquellos detrás de la matanza del 68, o con una sencilla escalera sobre una tarima desde donde se puede vislumbrar el mundo más allá de las imposiciones de papá, Olguín demuestra su experiencia en la creación de imágenes y cuadros deslumbrantes por su fuerza cargada de significado. Esta capacidad visual es lo que permite que el montaje sea efectivo a pesar de la excesiva dramaturgia, consiguiendo que el mensaje crítico y reflexivo se reciba en las butacas a manos llenas.




“Dicen que un fantasma recorre México: la democracia.”

Con la quijada desencajada, sacando a relucir una verdadera mazorca de dentadura y con ojos desorbitados detrás de sus anteojos, el padre se presenta a la mesa. Al darse cuenta de la ausencia de uno de sus hijos, cuestiona a los presentes mientras se arma con una larga vara de madera. Presentándose dócil y afable, abierto al diálogo en todo momento, sus verdaderas intenciones se revelan en cuanto algún indicio de libre pensar se asoma entre los comensales. El trabajo actoral que realiza Iván Zambrano Chacón como una ridícula versión de Gustavo Díaz Ordaz en “México 68” es sin duda uno de los puntos más interesantes a destacar en toda la puesta en escena. Entendiendo claramente lo que significa la sátira en una interpretación, Zambrano Chacón entrega un ser terrible y grotesco con la capacidad de provocar risas o nausea con la misma facilidad. También es de resaltar el trabajo de Mauricio Davison como aquel sobreviviente del movimiento que no ha logrado olvidar y que sigue luchando en pleno 2018 desde su muy pequeña trinchera. El resto del elenco, conformado por Mar Aroko, Yenizel Crespo, Manuel Cruz Vivas, Ramiro Galeana Mellín, Valeria Navarro Magallón y Viridiana Tovar Retana alcanzan en su mayoría resultados solventes, siendo aún necesario el adquirir mayor experiencia sobre las tablas para alcanzar resultados más basados en la entraña que en la forma, aun cuando es digno destacar a Aroko quien, encime de una barricada con un rifle en mano, convence en su llamado a la revolución que terminará en un río de sangre en uno de los momentos más oscuros de nuestra historia.

“Si yo me muero, ¿quién te recuerda?”

El 2 de octubre no se olvida. Esta frase la vengo escuchando desde niño, no siempre entendiendo su verdadero significado o dimensión. Hoy, a cincuenta años de tan nefando hecho, empiezo a captar su gravidez, sus consecuencias hasta nuestros días, la vital importancia de seguir recordando tan oscura sombra pues aquellos que olvidan la historia corren el riesgo de repetirla. No, el 2 de octubre nunca debe olvidarse, como tampoco todos y cada uno de los actos de violencia que se han cometido solapados por un gobierno que nunca ha entendido el significado de la palabra democracia.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “México 68”

DRAMATURGIA Y DIRECCIÓN: David Olguín

ACTUACIÓN: Mauricio Davision, Mar Aroko, Yenizel Crespo, Manuel Cruz Vivas, Ramiro Galeana Mellín, Valeria Navarro Magallón, Viridiana Tovar Retana y Iván Zambrano Chacón.

DÓNDE: Teatro El Milagro

DIRECCIÓN: Milán 24, Colonia Juárez.

CUÁNDO: Jueves y Viernes 20:30, Sábado 19:00 y Domingo 18:00 horas.

COSTO: $250. Disponibles en taquilla y en www.boletopolis.com Aplican descuentos.

DURACIÓN: 110 minutos sin intermedio.

DATOS DEL TEATRO: No cuenta con estacionamiento o valet parking.

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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