LA PIEDRA OSCURA

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Para quienes quieren atestiguar el conflicto entre el deber de un joven soldado, su humanidad y la poesía de Lorca.

LA PIEDRA OSCURA

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)

Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (@RiAlCastillo)

 

“Por encima de los vítores sonó el primer disparo.”

El protocolo es muy claro sobre cómo debe ser el trato entre los guardias y los prisioneros, más aún si se trata de un pronto a ser condenado a muerte. Sin embargo, los recuerdos de un tiempo en que soñar con ser músico era posible, la culpa de haber permitido que la cobardía se antepusiera al amor de un hijo y la simple y llana inocencia de la juventud han abierto una puerta donde la poesía, el teatro y el más puro amor que existió entre dos personas es más fuerte que todo un ejército apuntando sus armas en el paredón.

“Quería que mi corazón se llenara de ruido.”

Tras haber sido lavado del cerebro, un adolescente convertido en soldado debe de luchar contra sus propios demonios, así como enfrentar la angustia que le provoca ser parte de una guerra que ni siquiera termina de entender, al mismo tiempo que se debate entre cumplir con su deber y escuchar las lamentaciones de un preso en busca de salvar el legado del más grande de los poetas españoles. La Guerra Civil española, el amor prohibido entre Federico García Lorca y Rafael Rodríguez Rapún, el teatro, la música, la barbarie de la guerra y la inocencia de la juventud convergen con poética belleza y cruda dureza en “La Piedra Oscura”, un melodrama escrito por el dramaturgo español Alberto Conejero quien con destreza y buena manufactura le recuerda al espectador que aun en el peor de los infiernos se puede encontrar bondad y gentileza.

“Parece alegrarte que esté vivo.”

Con el fantasma del mismo Lorca como testigo perenne del encuentro fortuito entre carcelero y prisionero, “La Piedra Oscura” se aleja de lo que podría percibirse como una obra de corte político o de denuncia para dar paso a un drama profundamente humano, bello y doloroso en su centro, donde se perciben todos y cada uno de los conflictos que pueden existir en la mente de un muchacho que alguna vez soñó con ser músico y que ahora la vida lo ha obligado a cargar un rifle en las manos y a convertirse en el confesor involuntario de un hombre condenado.





“¿Crees que tengo la edad suficiente para estar en una guerra?”

Tras haber sido torturado, Rafael Rodríguez Rapún descansa su cabeza sobre el fantasma de su amado Lorca quien, con la mirada perdida, le acaricia la testa. En un rincón, un joven soldado se aferra a su rifle mientras le explica al golpeado prisionero que a partir de ahora no le volverá a dirigir la palabra, un hecho que ambos saben no será verdad. En su montaje más fino y elegante a la fecha, el director Sebastián Sánchez Amunátegui aborda “La Piedra Oscura” con el claro entendimiento de que cada uno de los elementos que utiliza están ahí exclusivamente para fortalecer el texto y crear una atmósfera teatral sencillamente exquisita. De tal manera, escenografía, trazo escénico, musicalización, maquillaje iluminación, incluso el simple tomar un rifle con ambas manos adquieren significado y sentido en un todo que envuelve al público en una atmósfera que hace eco del encierro en que se encuentran todos los personajes. Sin duda, Sánchez Amunátegui demuestra una nueva madurez en su trabajo de dirección en un montaje que brilla por una aparente sencillez plagada de complejas simbologías y sutilezas.

“¿Cómo van a vivir con toda esa sangre bajo los zapatos?”

El conflicto entre cumplir su deber o ayudar a un hombre condenado a morir a asearse para que pueda enfrentar el fusilamiento con cierta dignidad, se ve reflejado en los ojos desorbitados del actor Jonathan Persan quien encarna el muy complejo personaje de Sebastián en “La Piedra Oscura”. Este trance, al igual que la rabia desenfrenada con la que toca un tambor imaginario tratando de conciliar la vorágine de emociones que se desarrollan en su interior, deben de ser la base sobre la cual Persan deberá de fortalecer y madurar su interpretación, siempre basándose en la verdad escénica, en darse permiso de vulnerarse y de explorar los múltiples y difíciles matices contenidos en su personaje. A su lado, Kerim Martínez logra un trabajo fluido y robusto como el ex-amante prisionero de Lorca en un balanceado entendimiento de su personaje que equilibra al revolucionario con el soñador, con el enamorado con el temeroso a morir. Finalmente, Daniel Fuentes Lobos en el papel de García Lorca es solvente, siendo de mencionar los muy ligeros y pequeños acentos que le imprime a su actuación sobre todo durante los largos momentos de silencio en los que se encuentra su papel.

“Los culpables pagarán por cada lágrima, por cada muerto.”

Siempre me he preguntado qué es lo que pasa por la cabeza de aquellos soldados que son ordenados a cometer actos innombrables sin chistar ni cuestionar. “La Piedra Oscura” consigue dar un atisbo de respuesta, aunque sea muy poética, de cómo detrás de todo matón, guardia de seguridad, oficial o soldado se encuentra un ser humano, tan vulnerable como cualquiera, que ha llegado hasta donde se encuentra no por azar sino por toda una serie de circunstancias que lo han orillado a ser una bestia capaz de cometer las más nefandas atrocidades. Que Dios siempre me proteja de caer en dichas circunstancias, que siempre proteja eso que yo llamo la humanidad en mí.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “La Piedra Oscura”

DRAMATURGIA: Alberto Conejero

DIRECCIÓN: Sebastián Sánchez Amunátegui

ACTÚAN: Jonathan Persan, José Manuel Rincón, Kerim Martínez, Daniel Fuentes Lobos y Jhovanni Raga (alternan funciones).

DÓNDE: Café K-Oz Foro Cultural

DIRECCIÓN: Séneca s/n casi esquina con Homero, Polanco.

CUÁNDO:

COSTO: $

DURACIÓN:  75 minutos sin intermedio

DATOS DEL TEATRO: No cuenta con valet parking o estacionamiento. Está a una cuadra del centro comercial Antara y casi enfrente de El Palacio de Hierro Polanco.

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Juan Carlos Araujo

El mundo es un lugar horrible, horrible. Eso no significa que yo tenga que ser una persona horrible. EL JUEGO QUE TODOS JUGAMOS ALEJANDRO JODOROWSKI

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