LA LEY DEL RANCHERO

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Para quienes desean adentrarse a las más oscuras entrañas de un bar gay en el norte del país.

LA LEY DEL RANCHERO

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (RiAlCastillo)

“Chacales, ¿están listos para divertirse?”

En la barra del bar El Ranchero, dos hombres se miden con la mirada. Ninguno lo admite abiertamente, pero se desean. En una mesa del lugar, un reencuentro inesperado revelará que no todo es como parece, ni como se esperaba. Mientras tanto, en el baño, un hombre desesperado se verá obligado a sellar un pacto con el diablo con un nada inocente beso. Afuera, un joven acaba de perder la vida de manera violenta; en las entrañas del tugurio, la fiesta sigue, los chacales bailan, y un macho experto en manejar la reata revelará cuán repugnante es su intolerancia.

“El hielo se rompe con una navaja.”

Mejor violar a una gallina o a una yegua antes que ser homosexual, el auto-repudio que genera el no poder aceptar las preferencias de uno, chantaje, violencia, una navaja que brilla contra el cuello de un chichifo calenturiento y un número musical al ritmo de Dame un Beso de Yuri. Ubicada en un México muy alejado de la inclusión, la igualdad de derechos y el matrimonio entre parejas del mismo sexo, “La Ley del Ranchero” de Hugo Salcedo es una dura mirada al mundo LGBTQ+ que existe, o más bien sobrevive, en ambientes que desafortunadamente continúan arraigados en ideas anacrónicas de machismo, homofobia, misoginia y transfobia.




“Aquí ya nadie cree en Aladino.”

Tito y Toto, dos hombres rudos e híper masculinos, discuten los muy heterosexuales términos en los que se pueden ir juntos a la cama. Al mismo tiempo que esta velada seducción sucede, la drag queen Mimí se ha encerrado con un joven en el baño del lugar para discutir los términos en que ella estaría dispuesta a protegerlo de un muy posible encontronazo con la ley. Cargada de un humor negro, pero al mismo tiempo retratando un patético universo, “La Ley del Ranchero” amalgama cuatro historias que suceden en el mismo espacio, abordando cuatro muy distintos vértices de las problemáticas gay, queer y trans. Desde una operación de implantes mal realizada hasta la más repugnante negación de las preferencias en voz de un vaquero listo para casarse, todo ello aderezado con ingeniosos vistazos a la a veces sórdida vida nocturna gay que existe en zonas menos metropolitanas, Salcedo expone y critica con potencia y con un evidente conocimiento de causa. A pesar de que a momentos se cae en lo discursivo o panfletario, se admira el efectivo uso de progresión dramática empleada, uno que mantiene al espectador a la expectativa gracias a la manera en que los secretos se van revelando poco a poco, así como por la presencia de sólidos giros de tuerca.

“Vas a necesitar kilos de maquillaje para taparte los moretones.”

Tras un monólogo donde un varón hecho y derecho explica, con fuerte uso de albures, lo bien que sabe manipular el lazo, el público entra al foro que ha sido convertido en un antro. Al centro, un escenario que enarbola en neón el nombre del lugar. De un lado la barra, del otro un largo orinal en representación del baño. Como complemento final, tres mesas de Corona donde algunos espectadores podrán ser parte del ambiente mientras disfrutan de una cerveza de cortesía. Tras un número musical donde Mimí interpreta una conocida canción de Yuri a lado de cuatro chacales danzando al unísono, la primera historia comienza cuando Alfredo le ofrece un trago a una chica trans que se encuentra en el lugar. La dirección de “La Ley del Ranchero” a cargo de Tania María Muñoz y el también actor Edgar Valadez es un logro de gran escala en un pequeño formato. Apoyados por la musicalización de Jonathan Corral, la coreografía creada por Mauricio Rico y, principalmente, el diseño de escenografía e iluminación de Jesús Giles, la puesta en escena consigue recrear la atmósfera que se vive en este tipo de espacios, tanto en su infecciosa algarabía como en su tóxica podredumbre. Acusaciones de asesinato mientras se escucha de fondo a Paulina Rubio, un sórdido faje en el anonimato de un baño o una seducción a navaja suelta son ejemplos de la sólida manera en que ambos directores absorben al público a las entrañas del antro creado para denunciar las vertientes en que la discriminación aun impera en nuestro país.




“Si se arma, pos es de compas.”

Mimí, interpretado por José Juan Sánchez, se presenta al público con un lip sync que transita entre lo decadente y lo glorioso. Ya encerrada en el baño con un muchacho muy vulnerable la drag queen muestra su lado más oscuro y perverso, incluso mostrando cuan profunda es su voz a pesar de estar parada en altos tacones de aguja. Al otro lado del escenario, la lujuria entre Tito y Toto, actuados por Elías Toscano y Antonio Saavedra respectivamente, se deja entrever en pequeños roces al prender un cigarrillo o en una clara amenaza de muerte con un cuchillo apretado contra el cogote, se convierte en una enorme carcajada de toda la butaquería cuando cada uno revela sus verdaderas intenciones. Una de las razones clave para el éxito detrás de “La Ley del Ranchero” se encuentra en su elenco conformado por Edgar Valadez, Martín Villarreal, Héctor Iván González, Elías Toscano, Antonio Saavedra, José Juan Sánchez, Óscar Serrano Ramírez y Alejandro Gama. Ya sea bailando como chacales, tratando de seducir con una maleta a lado de la mesa, esforzándose por negar lo que motiva a la entrepierna o descubriendo que la persona con quien se comparte una mesa no es alguien más que un ligue, sino alguien del pasado, cada uno de los involucrados realiza un trabajo más que pertinente que permite que la denuncia del texto y montaje lleguen al público de manera certera.

“El suelo lo detuvo para no caerse hasta el infierno.”

Es triste aceptar que conozco a Tito y a Toto, hombres incapaces de amar sin agachar la cabeza; que me he sentado a la mesa con Alfredo y que he platicado por largo tiempo con Mónica, seres dominados por la soledad y la insatisfacción producto de no encontrar un balance entre lo que son y lo que pide la sociedad. Como miembro de la comunidad LGBTQ+ me avergüenza aceptar que conozco a imbéciles como el hombre de la reata, seres que denigran no sólo a mí género sino a toda la humanidad, y que he visto a mujeres como Mimí hacer uso de su poder para obtener lo que más desean, aunque sea por capricho. El odio hacia los gays desde afuera es enorme, el odio que nos tenemos desde adentro puede llegar a ser mucho peor.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “La ley del Ranchero”

DRAMATURGIA: Hugo Salcedo

DIRECCIÓN: Tania María Muñoz Y Edgar Valadez.

ACTÚAN: Edgar Valadez, Martín Villarreal, Héctor Iván González, Elías Toscano, Antonio Saavedra, José Juan Sánchez, Óscar Serrano Ramírez y Alejandro Gama.

DÓNDE: Foro A Poco No

DIRECCIÓN: República de Cuba 49, Centro Histórico.

CUÁNDO: Martes y Miércoles 20:30 horas. Hasta el 20 de Noviembre.

COSTO: $173. Boletos en taquilla.

DURACIÓN: 80 minutos sin intermedio.

DATOS DE LOS TEATROS: No cuenta con estacionamiento o valet parking. Cerca del Metro Allende.

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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