HAY UN LOBO QUE SE COME EL SOL TODOS LOS INVIERNOS

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Para quienes quieren ver un thriller psicológico que expone la antropofagia detrás de una familia disfuncional.

HAY UN LOBO QUE SE COME EL SOL TODOS LOS INVIERNOS

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (RiAlCastillo)

“¿Te encanta darle miedo a todo el mundo?”

El intento de recluirlo en un hospital falló. Lo único que ahora queda es esperar a que se lleve a cabo la sentencia que pondrá fin al terror sembrado por Leo el Caníbal. Desde su celda, su mascota apresada con el ala rota entre sus manos, el monstruo recuerda. Una madre castrante y poco afectiva, un padre semi-ausente y un amado hermano incapaz de ser el receptor de toda su maldad alguna vez tuvieron un día feliz en que todos sonrieron. Ese día no volvió jamás y ahora, entre el nebuloso gas que lo rodea, por fin entiende que no se repetirá jamás.

“Soy Leo el Caníbal y esta noche iré por ti.”

La psicopatía detrás de un asesino serial, desde el característico mojar de la cama hasta el cruel maltrato hacia los animales, es retratado con atemorizante precisión por Gibrán Ramírez Portela en su thriller psicológico “Hay un Lobo que se Come el Sol Todos los Inviernos”. Un entorno familiar fracturado y violento, la ausencia de una hermana desaparecida bajo misteriosas circunstancias y una madre que claramente no quería tener a sus hijos gemelos, hecho que se refleja en su trato hacia ellos desde niños hasta edad adulta. Con cada nueva pieza de información que el autor desarrolla, se entreteje una trama compleja con personajes fracturados que mantienen al espectador en el filo de su asiento, culminando con un evento anunciado y que, sin embargo, sorprende y horroriza.




“Siento como si algo me estuviera devorando por dentro.”

Ante la inminente ejecución de su condena, Leo apresa con mayor fuerza el gorro donde guarda con celo a su mascota. Morton, la aparentemente sádica figura de autoridad con quien tiene contacto el condenado dentro de la prisión, le ha pedido que le entregue al animal. En la mirada del asesino se puede leer su determinación, el público se empieza a retorcer en sus asientos en premonición de lo que está a punto de acaecer, silencio total en la sala una vez sucedido lo inevitable. “Hay un Lobo que se Come el Sol Todos los Inviernos” se destaca por un claro y evidente trabajo de investigación al respecto del tema por parte del escritor, así como por el fino hilo con que la historia es contada atrapando al espectador con una sólida trama, desarrollada con inteligencia, sin mayores pretensiones que las de contar una buena historia. Gibrán Ramírez Portela nos recuerda, en medio de un océano de exploraciones escénicas experimentales, alternativas y laberínticas en sus construcciones, que a veces lo único que se necesita para ganarse la ovación de una sala es una historia interesante sumamente bien contada.

“La realidad tiene barreras muy delgadas.”

En lo alto del espacio se pueden distinguir a dos mujeres, una de ellas con un cello que será utilizado para musicalizar y crear efectos sonoros. Al frente del escenario, en una esquina está el caníbal. El resto de la familia está separada de él por una estructura cerrada de vidrio que cuenta con varias puertas por las que se puede acceder a esta área. Lo primero que se destaca a nivel puesta en escena en “Hay un Lobo que se Come el Sol Todos los Inviernos” es el trabajo de escenografía e iluminación a cargo de Miguel Moreno, quien consigue crear un espacio que quizás pueda percibirse como confuso o estorboso en un principio de la obra, pero que poco a poco va cobrando sentido y peso dentro de la propuesta escénica y de la obra. Esto se logra bajo la dirección de Cristian Magaloni, quien sorprendiera en recientes fechas con su gran trabajo en Los Ojos. Aunado al uso del espacio, resulta destacable la manera en que Magaloni consigue traducir el texto de Portela a un poderoso lenguaje escénico. Admirable el desarrollo de tensión dramática a través de un ritmo que se toma su tiempo para que el público conozca a cada uno de los involucrados en la historia, los odie o los conmisere. Más interesante aún conseguir que los asistentes se ahoguen en sorpresa ante un máximo acto de traición o contengan su respiración ante el terror de ver un crimen a punto de suceder frente a ellos sin que realmente se vea nada. Magaloni se perfila como un autor de la escena al que se le debe de seguir la pista muy de cerca.




“Alguna vez tuve la fantasía de que mis hijos salieran en el periódico.”

El teléfono suena. Leo llama a su hermano Ham para confesarle el más reciente acto barbárico que ha cometido. Este último desesperado le grita a su gemelo, rogándole que no siga llamándole, que no continúe compartiendo los crímenes con que se mancha las manos de sangre. Leo, mirada perdida y con las manos siempre nerviosas, no termina de entender por qué su amado hermano lo ha abandonado. “Hay un Lobo que se Come el Sol Todos los Inviernos” se destaca por un elenco, en su mayoría, capaz de crear personajes desde un lugar en la entraña donde sólo tiene cabida la verdad. Roberto Beck captura la psicopatía de un asesino con absoluta mesura, Gonzalo Guzmán muestra fragilidad y desesperación como el único miembro de la familia capaz de salvarlo, Julio César Luna sorprende en su precisa interpretación de un alto funcionario penitenciario, mientras que Assira Abbate es ferozmente encantadora como una de las tantas y tantas víctimas que cayeron a manos de Leo el caníbal. Por su parte, Pilar Ixquic Mata consigue momentos verdaderamente aterradores como la gorgona madre de los gemelos, a pesar de que en algunas escenas se cae en lo caricaturesco, rayando en lo fársico. El cuadro actoral lo completa Arnoldo Picazzo como el padre de tres hijos, uno de ellos de quien nunca se habla.

“Eres el cuento con que las madres espantan a sus hijos que se portan mal.”

Es desconcertante pensar que vivimos en la cúspide de la civilización humana y a diario podemos leer en las noticias sobre actos bestiales de violencia. Resulta difícil de creer que mientras estamos planeando el primer vuelo espacial tripulado a marte en alguna anónima vivienda se están torturando a personas por el simple placer de cometer un acto de violencia. El ser humano siempre se ha distinguido por ser un animal cargado de contrastes, justamente por ello un ente fascinante y aterrador a la vez. Gibrán Portela nos ha mostrado, con un texto ganador del Premio Nacional de Dramaturgia Emilio Carballido UANL 2012, uno de los lados más oscuros del hombre en una extraordinaria dramaturgia digan de ovacionarse. Es momento de reflexionar también sobre ella, sobre lo que dice de todos nosotros como raza.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “Hay un Lobo que se Come el Sol Todos los Inviernos”

DRAMATURGIA: Gibrán Ramírez Portela

DIRECCIÓN: Cristian Magaloni

ACTÚAN: Pilar Ixquic Mata, Arnoldo Picazzo, Roberto Beck, Gonzalo Guzmán, Julio César Luna y Assira Abbate.

DÓNDE: Teatro La Capilla

DIRECCIÓN: Madrid 7, Del Carmen Coyoacán.

CUÁNDO: Jueves 20:00 horas. Hasta el 30 de mayo.

COSTO: $250 entrada general. Boletos en taquilla o https://boletopolis.com/es/

DURACIÓN: 90 minutos sin intermedio

DATOS DEL TEATRO: No cuenta con estacionamiento o valet parking. Les recomendamos revisar el resto de su cartelera.

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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