LO COMÚN

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Para quienes desean encontrar un espacio amoroso y seguro en medio de la bestial vorágine capitalista.

LO COMÚN

Por Juan Carlos Araujo
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas

“Desde aquí contemplamos el afuera.”

El caos matutino que implica salir corriendo del pauperrimo departamento que cuatro amigos comparten para llegar al trabajo, mismo que está a más de dos horas de distancia, es parte de una rutina diaria que no sólo deja exhaustos a Norma, Aleks, Piña y Ulises, también les va arrancando la alegría de sus almas. Sin suficiente dinero para un plomero, desesperados por encontrar una chamba que les trate con un mínimo de dignidad, con tan sólo una ventana para encontrar esperanza en medio de la amenazante megalópolis, y con fantasmas acechando por doquier, cuatro seres humanos crearán un paréntesis, no sólo para ellos sino para todos, donde haya espacio para cerrar los ojos, descansar, y recordar que la vida es algo más que lo que la sociedad consumista dicta.

“El mundo es una cagada, hoy lo comprobé.”

Durante un laboratorio de creación colectiva sobre el trabajo precario, Simón Franco, Janeth Piña, Aleks León, Ulises Martínez y Norma Suárez compartieron vivencias en torno a cuán desgastante, deshumanizante y devastador es el tener que dedicar horas y horas a un trabajo horrendo sólo para recibir un salario miserable que no alcanza para tener una vida ni remotamente digna. A partir de estas anécdotas, mismas que fueron más allá del tema laboral para abarcar incluso fantasmas personales, es que el dramaturgo José Emilio Hernández construye “Lo Común”, una experiencia escénica comunal entre actantes y espectadores que entremezcla la ficción con lo real y lo participativo desde lo lúdico, humorístico, patético y devastador.

“¿Quién no ha soñado con renunciar?”

Luego de perder su empleo por no cumplir con los muy discriminatorios parámetros de la empresa, Piña busca un nuevo trabajo en internet. Más adelante, se le invita a un miembro del público a ficcionalmente renunciar a su empleo, motivándole a liberar todas esas frustraciones, rabias y pesares que le provoca ese lugar al que se le dedican mínimo 8 horas diarias. Entre encontrar la felicidad en un mango, tener un colapso nervioso por la falta de agua en el departamento desde hace días, compartir una chela con los espectadores, o tratar de escapar de la miseria con un pipazo, los cuatro protagonistas van dejando al descubierto sus muy profundas heridas a causa de una cruda vida urbana, antes de invitar a todes a que suban al escenario para recibir un apapacho con sabor a atole y churro, y que suena a música de Alejandro Sanz.

“Quiero hacer un brindis porque me corrieron.”

En un inicio, la construcción dramática en “Lo Común” pareciera ser bastante tradicional en su estructura narrativa, contando cuán complicada es la vida de los cuatro roomies, entremezclando sus historias personales con las dinámicas de convivencia entre ellos para crear una dura crítica al muy fallido sistema capitalista bajo el que operan las grandes ciudades, específicamente la Ciudad de México en este caso. Sin embargo, a medida que la acción avanza y se van dando rompimientos en la progresión, se revela una propuesta mucho más compleja e interesante en la dramaturgia, una que crea un espejo bastante directo sobre los asistentes a partir de la comedia, que les confronta de manera humorística y amorosa, pero bastante clara, para que se liberen un poco de la carga social que llevan sobre las espaldas, que puedan encontrar un momento de paz en un proceso de comunión, no entre artistas y público, sino entre seres humanos unidos por un mismo pesar. Es en este camino que elabora José Emilio Hernández que la obra lleva su denuncia a un espacio de mucha mayor contundencia, a un lugar de reflexión verdadera sobre la manera en que hemos permitido como sociedad que nuestros propios miembros vivan en la miseria, no sólo económica, sino espiritual.

“Tengo que cuidar a personas que no se pueden cuidar.”

Luego de explotar en contra de Ulises por un error cometido en torno a solucionar la falta de agua, Mientras se escucha la canción Cucurrucucu Paloma, Norma comienza a bailar al frente del escenario en una danza que deja en claro cuán desgastada se siente por su existencia Un fantasma, representado en su imagen más clásica de una figura humana cubierta por una sábana blanca con huecos en la cara para los ojos, se encuentra detrás de ella, iluminado por una luz mortecina. Poco a poco la figura espectral se le acerca y la abraza por detrás, hecho que lleva a Norma a colapsarse, rindiéndose por completo ante el peso que es tratar de seguir de pie ante una vida que claramente le rebasa.

“¿Qué tiene de chido lo verdadero?”

Ya sea creando una onírica representación de la Revolución Francesa, iluminación en los colores de la bandera de dicha nación incluida, recreando un momento de pachequez donde un personaje baila Rythm of the Night, en ropa interior y un casco de motociclista en la cabeza, mientras exhala cuantiosas cantidades de humo, o montando escenas donde el público son parte integral de ellas, donde se puede llegar a generar una verdadera catarsis entre los asistentes, la dirección de Simón Franco logra llevar la dramaturgia a un espacio intimista, profundamente divertido y lúdico a momentos, en otros devastador, capaz de mover fibras sensibles en quienes ocupan las butacas. Apoyado por un equipo creativo, entre quienes destacan Gabriela Cabrolier y Mano Noriega en el diseño de espacio a partir de una propuesta de Fernando Olguín González y Mano Noriega en el diseño de iluminación, Franco es capaz de traer duendes del mango y fantasmas al escenario al mismo tiempo que retrata tanto la dura existencia de quienes tienen que hacer lo imposible para subsistir, como los espacios de salvación que se crean, en este caso entre amigos, para poder seguir con el día a día.

 

“Los fantasmas se les aparecen a las personas que más lo necesitan.”

Aleks tiene que ir al departamento vecino, donde vive un recién enviudado anciano, para pedirle agua. El diálogo entre ellos, se realiza entre sombras, Aleks interpretando a ambos personajes; Ulises, agobiado por un trabajo en el que tiene que exponer su vida todos los días manejando una moto, se debate sobre el orden en el que debe de consumir un pipazo y una chela, decisión que culmina con el hombre tumbado en el suelo agotado; ante la frustración y desesperación de haber perdido su trabajo, Piña habla de fantasmas, de cómo está convencida que habitan el departamento, reflejo de los propios espectros que habitan en su mente; ante el más absoluto de los cansancios, Norma se da un baño a jicarazos dentro de una tarja de metal. De espaldas al público, la mujer llora dejándose bañar por Piña en una escena que deja en claro el dolor y amor que se comparte en esa vivienda.

“Así es esto de la convivencia.”

Accionando desde versiones ficcionadas de sí mismos, el elenco de “Lo Común” conformado por Janeth Piña, Aleks León, Ulises Martínez y Norma Suárez intercala estilos actorales, transitando libremente entre lo dramático y lo cómico, la improvisación con la fractura desde la entraña, con un toque de baile, canto y sonidero en medio. Ya sea creando momentos íntimos de complicidad a partir de una dulce fruta, interpretando a un plomero un tanto deshonesto con la ayuda de un bigote falso que recuerda a cierto Mario, o desatando furia con la misma veracidad con la que se deja caer en los brazos de un espectro, cada uno de los actantes pone sus recursos histriónicos al servicio de la puesta en escena, permitiendo así que el final de la obra, donde el público es invitado a integrarse con el escenario, se consiga a manos llenas entre abrazos y bebidas que sanan el corazón.

“Déjate caer.”

Tener que levantarse a las cuatro de la mañana para poder llegar a un trabajo en Santa Fe desde Ecatepec a las 8 de la mañana es algo que sencillamente me rebasa. Tener que estar sentado 10 horas frente a un monitor, capturando datos, seis días a la semana, por un sueldo que no alcanza para pagar una renta y comprar comida en una zona empobrecida me parece una practica que se asemeja a una esclavitud velada. Al mismo tiempo, los patrones de dichos empleados, comúnmente hombres blancos y privilegiados que viven a cinco minutos de la oficina y se llenan los bolsillos con bonos de miles y miles de pesos cada mes, hablan con el más absoluto cinismo sobre cuán fácil es ser puntual y productivo si se le echan ganitas a la chamba. El teatro no cambiará las cosas, pero si es capaz de darnos el abrazo que tantos y tantos necesitamos para continuar, aunque venga de los brazos de un fantasma.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: Lo Común

DRAMATURGIA: José Emilio Hernández

DIRECCIÓN: Simón Franco

ELENCO: Janeth Piña, Aleks León, Ulises Martínez y Norma Suárez

DÓNDE: Foro La Gruta dentro del Centro Cultural Helénico

DIRECCIÓN: Avenida Revolución 1500, Colonia Guadalupe Inn

CUÁNDO: Lunes 20:00 horas. Hasta el 20 de abril 2026

COSTO: $410 y $250.  Disponibles en taquilla y LO COMÚN – TEATRO HELÉNICO

DURACIÓN: 110 minutos sin intermedio

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Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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