DANI Y EL PROFUNDO MAR AZUL

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Para quienes entienden que, aún bajo las más violentas de las circunstancias, existe la capacidad de sanar y amar.

DANI Y EL PROFUNDO MAR AZUL

Por Juan Carlos Araujo
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas

“Yo soy un vato tranquilo, nomás que la gente me la hace de pedo.”

Dani está sentado en un extremo del bar. Caguama en mano y con la cara y nudillos aun sangrando, el joven de 29 años está tratando de respirar sin que le dé un ataque cardiaco. Los recuerdos de esa noche atormentan a un niño frágil y perdido escondido bajo la fachada de un hombre. Del otro lado del lugar está Roberta. Con la lengua y los dientes azules a causa de la bebida y gomitas que está disfrutando, la mujer de 30 años busca escapar de su realidad, aunque sea por unas horas. En un ambiente donde lo único que se respira es violencia, dos almas heridas buscan conectar con la esperanza de encontrar alguna forma de comunicarse que sustituya a los golpes con un poco de ternura.

“A veces me pongo a gritar de la nada.”

El dramaturgo norteamericano John Patrick Shanley, reconocido mundialmente por la obra ganadora del Pulitzer Duda y su guion para la película Hechizo de Luna, cuestiona si el amor es capaz de existir cuando las personas están inmersas en un ambiente donde lo único que pareciera existir es la violencia en su obra de 1983 “Dani y el Profundo Mar Azul”. Desarrollada en un acto único, la obra presenta el encuentro fortuito entre un hombre y una mujer en un bar de mala muerte, cada uno con sus propios demonios, marcados por la agresividad, tanto la que han perpetrado como de la que han sido víctimas, ambos desesperados por poder dejar de doler, por encontrar algo que pudiera parecerse a la felicidad, aun cuando parecieran imposibilitados de bajar la guardia para que alguien pueda vislumbrar su humanidad, su fragilidad.

“Hice algo horrible.”

Roberta se presenta como una felina seductora, segura de sí misma, aunque su risa maníaca y su mirada desorbitada esconden algo oscuro debajo de esa fachada; Dani se mueve como simio, pareciera imposibilitado de hablar sin decir groserías, representa la más tóxica de las masculinidades, aun cuando la fragilidad que tan desesperadamente quiere ocultar es más que evidente. Dentro de la brutal violencia que se vive en Tamaulipas, Dani y Roberta se encuentran y, entre golpes e insultos, lenguaje que ambos entienden y hablan de manera fluida, se percatan que quizá el uno podría ser la salvación del otro, si es que pudieran hallar la manera de perdonarse de sus pasados, fueran capaces de creer que merecen un vestido blanco, un hogar sin colores pastel, que alguien les arroje arroz quedito y desde abajo.

“No está bien sentir todo lo que siento.”

A pesar de que es un solo acto, la estructura dramática de “Dani y el Profundo Mar Azul” divide la acción en tres escenas: la primera pudiendo denominarse como el encuentro, la segunda como la ilusión y la tercera como el golpe de realidad. El verdadero acierto del autor está en la creación de sus personajes, en la manera en que revela sus carencias emocionales, los traumas sufridos, las soluciones que han tenido que desarrollar para sobrevivir en medio de la violencia social y familiar, así como la manera en que, una vez que están juntos, buscan desesperadamente los mecanismos necesarios que les dejen acceder a lo que siempre se les ha negado, la felicidad. Sin embargo, a nivel narrativo, la obra tiende al empantanamiento, sobre todo en la segunda escena donde los personajes parecieran poder al fin respirar, aun cunado en realidad lo que está planteando el autor es la base para el golpe final, uno que roba el aliento en su amargura, dolor y bosquejo de esperanza. Uno de los puntos más destacables dentro de este montaje es la traducción y muy precisa adaptación que realizan Roberto Cavazos y Sofía Morfín Jean al material original, logrando capturar con certeza y amplio humor, lo que es la realidad y hablar del norte del país, una zona que ha estado atravesada por la más bestial de las violencias.

“No te quieras meter en mi cabeza que no respondo.”

El escenario muestra, al inicio, un bar de poca monta, incluyendo un par de mesas metálicas, una bola de espejos colgando del techo y una rocola. La música que Roberta escoge va siendo un pertinente, oscuro y humorístico reflejo de lo que viven los personajes, siendo El Muchacho de los Ojos Tristes de Jeanette y Amor Apache de Gloria Trevi ejemplos claros de ello. Incluso detalles como la playera que usa Roberta en la segunda escena, el poster de una icónica película de terror, es un aviso de lo que está por venir en la trama. Cuando es momento de la intimidad, el escenario se transforma en la recámara de la protagonista en un momento mágico, tal y como el que van a vivir los personajes, aunque sea por una noche.

“Quiero ver a tu hermosa boca decir tu hermoso nombre.”

La dirección de Cristian Magaloni, sólidamente apoyado por María Vergara en la escenografía e iluminación, saca lo mejor del texto, tanto en patetismo como en humor. Ya sea eligiendo una lista de reproducción precisa con cantantes que van de José José hasta Carin León, dando guiños al público con el vestuario, o recreando el sórdido ambiente de un bar con la mera presencia de una brocheta de gomitas que colorean de azul una dentadura, la puesta en escena se revela como cuidadosa en cada detalle, dotándola de significados por descubrir, profundizando a los personajes desde los ambientes que se crean. Punto culminante de le estética sucede con la transformación del espacio de un bar a una recámara, momento en que un cielo estrellado y el brillo de una luna falsa con capaces de llenar de esperanza a dos almas fracturadas.

“Todo me duele, todo el tiempo.”

En un principio, Dani es un hombre retraído, un perro rabioso en descanso, a quien le cuesta trabajo decir las palabras correctas, incluso caminar de forma erguida es una imposibilidad por el peso que lleva en sus hombros. Por su lado, Roberta es juguetona, se divierte en manipular a Dani, en hacerlo sentir incómodo, una loba al acecho quien, en cuanto se da cuenta de la tensión sexual entre ellos, la aprovecha para salirse con la suya. En cuanto realizan confesiones, Roberta tiene un colapso mental feral que la hace gritar de forma desquiciada, mientras que Dani es víctima de un ataque de pánico que lo lleva a pensar que está a punto de tener un ataque cardiaco, situaciones limítrofes que culminan en un ahorcamiento, en besos animalescos, en una pasión desmedida entre seres quebrados.

“Hay mal dentro de mí.”

Bajo la precisa mano de Magaloni, “Dani y el Profundo Mar Azul” se convierte en un verdadero duelo actoral entre Xavier García y Samantha Coronel, ambos entregando interpretaciones descarnadas, viscerales, cargadas de una honestidad proveniente de una ruptura evidente y admirable. Los tránsitos emocionales que desarrollan ambos sobre sus personajes, el camino que recorren a lo largo de la obra, García de un simio violento a un niño capaz de asombrarse de las estrellas, Coronel de una mujer empoderada a una criatura incapacitada por el peso de la culpa, ambos usando la violencia como una manera de expresar sus dolencias, es un hecho escénico digno de ovacionarse. En el mero acto de dar la más hermosa de las nalgadas, en el no saber cómo responder ante una caricia amorosa, en ser objeto de un verdadero exorcismo para poder tener un atisbo de esperanza, o en saltar sobre una cama en ropa interior ante la promesa de una vida mejor, tanto Xavier como Samantha dejan en claro que tan potentes figuras pueden llegar a ser sobre el escenario cuando se les guía de una manera precisa.

“Aunque sea por hoy hay que ser felices.”

Cuando el universo se detiene por completo y sólo existen Dani y Roberta, los cláxones de los camiones en la carretera se convierten en sonidos de ballenas, una lámpara es la luna más bella de todas, hay un espacio para creer en la magia cuando lo único que han conocido es violencia. El mundo es un lugar horrible… horrible. Pero eso no significa que tengamos que ser personas horribles. Gracias teatro por siempre estar ahí para recordarme que, aun en la más aberrante realidad, aun hay espacio para que exista la esperanza.

 

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: Dani y el Profundo Mar Azul

DRAMATURGIA: John Patrick Shanley

TRADUCCIÓN: Roberto Cavazos y Sofía Morfín Jean

DIRECCIÓN: Cristian Magaloni

ELENCO: Xavier García y Samantha Coronel

DÓNDE: La Teatrería, Sala A

DIRECCIÓN: Tabasco 152, Colonia Roma Norte

CUÁNDO: Miércoles 20:30 horas. Hasta el 13 de Mayo 2026

COSTO: $600. Disponibles en taquilla y Boletos | Dani y el profundo mar azul | LaTeatreria

DURACIÓN:  80 minutos sin intermedio

DATOS DEL TEATRO: No cuenta con valet parking o estacionamiento

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Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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