UNA COSA DESCARADAMENTE BUENA

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Para quienes entienden que, en un mal día, todo puede suceder.  

UNA COSA DESCARADAMENTE BUENA 

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (@RiAlCastillo)

“Era un tipo muy normal con una vida tranquila.” 

La mañana no comenzó bien. En la regadera no había agua caliente y la navaja de rasurar decidió cortar su mejilla. En la cocina no estaba preparado su desayuno de siempre, lo cual era raro, pero tampoco estaba su esposa Raquel, lo cual era aún más raro. Los eventos que siguieron, que podrían describirse como desafortunados, por decir lo menos, fueron reportados con mayor o menor veracidad en diversos periódicos. El día no fue bueno ni para Ramón ni para quienes recibieron los batazos o los balazos.  

“Yo sólo tuve un mal día.” 

El proceso de desquiciamiento y colapso mental por parte de una persona con una vida aparentemente normal es retratado con buen humor y un toque de metateatralidad por Misael Garrido en “Una Cosa Descaradamente Buena”. Con ecos profundos a la película de Joel Schumacher y estelarizada por Michael Douglas Un día de Furia, al punto de incluir en la obra la frase más icónica del filme, la obra consigue retratar con agridulce comicidad el camino a la destrucción que emprende un empleado de banco al momento en que decide que no va a tolerar ni un abuso más de una sociedad que se deleita en ser agresiva. Ya sea por parte de un grosero automovilista, la dueña de una cafetería que se niega a darle acceso al baño, un vendedor de jugos incapaz de vender medios litros o su mismo jefe, las interacciones de Ramón con el mundo ese día lo llevarán a un camino del que no habrá vuelta atrás.  





“La mañana de Ramón hasta este momento no había sido grata.” 

Lo primero que destaca a nivel dramatúrgico en “Una Cosa Descaradamente Buena” es el buen manejo de la narraturgia como elemento de progresión dramática ya que permite que los dos actores que participan en la obra puedan intercambiar papeles sin ningún problema, cada uno de ellos incluso encarnando al personaje principal. Este recurso también permite que las diferentes versiones del hecho sean “reportadas” con un sentido del humor negro que deleita y a momentos arranca buenas carcajadas. El uso de la meta-teatralidad como recurso dramático no cuenta con la misma suerte ya que se encuentra presente en la obra sin una verdadera justificación que aporte a la trama más allá de ser una buena excusa para aumentar el número de chistes en el texto, que ciertamente vale la pena mencionar que son buenos y responsables de algunas de mis más grandes risotadas.  

“Hasta ese momento había hecho cosas descaradamente malas.” 

Ramón entra a su Topaz gris tras ciertos percances en su casa, portentos de lo que habrá de suceder a lo largo de su día. El coche no está en buenas condiciones como se nos hace saber a través de un acetato del vehículo colgado en un pizarrón blanco al fondo del escenario y donde se indica con marcador negro cada uno de sus problemas. Más adelante se marcará la ruta de Ramón por la ciudad en otro acetato. La dirección del mismo Misael Garrido para “Una Cosa Descaradamente Buena” es sencilla, atinada y precisa en su propuesta visual, salvo por un mapa de la casa del protagonista en el piso del escenario marcado con cinta azul que realmente no aporta mucho al total de la puesta. Por otro lado, en su ritmo es vertiginosa y sumamente disfrutable. Esta muy acertada propuesta produce un  efecto particularmente divertido sobre la narraturgia que permite que fluya a toda velocidad sin que se opaque en ningún momento el entendimiento de los acontecimientos que desembocan en tragedia, de acuerdo a lo reportado por los periódicos. De igual manera, esta decisión acentúa tanto el patetismo de la situación como la comedia con que se cuenta.  





“Qué bien se siente chingar a otros, ¿no?” 

Vestidos en boxers, calcetines disparejos y una camiseta blanca, Daniel M. Cervantes y Camila Torres Cantú son los encargados de darle vida a los múltiples personajes que habitan “Una Cosa Descaradamente Buena”. Bien peinado y con una sonrisota plasmada en la cara, Cervantes saluda a todos en la sala. Al momento de ser Ramón por primera vez su voz cambia y de inmediato nos encontramos ante un hombre de mucha mayor edad y con un profundo cansancio acumulado. Poco a poco, la transformación comienza hasta desembocar en un cuello de venas completamente saltadas y un pelo que pareciera tener vida propia en su manera de ir de un lado a otro. Para que la visión del dramaturgo y director funcione en todo su esplendor se requiere de una buena vena cómica por parte de los actores, misma que Cervantes explota con delicia desde la punta de los pies hasta la cabeza. Su mirada desquiciada, su boca chueca o su manera de ponerse en cuclillas para cometer un acto asqueroso, Cervantes se entrega de lleno a la obra con resultados por demás positivos. Su contraparte femenina en voz de Torres Cantú realiza una excelente labor como narradora, teniendo que explotar aun más el humor de su interpretación para alcanzar las misma gracia de Cervantes.  

“¿El malo aquí soy yo?” 

Decir que vivir en una ciudad como la CDMX es difícil es quedarnos muy cortos de la verdad. El tráfico, las obligaciones familiares y laborales, la agresividad que pareciera a veces permearse en todas las personas con las que interactuamos producen una cantidad de presión acumulada que a veces es urgente liberar para evitar el peligro de explotar y terminar en los noticieros. Yo confieso haber tenido momentos durante la obra en que entendí perfectamente a Ramón. Más de una vez he tenido ganas de aventarle algo a un mesero majadero o mentarle la madre a un policía “ayudando” con el tráfico. No lo he hecho… hasta ahora. Espero poder seguirme conteniendo.  

 

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DATOS GENERALES 

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción) 

OBRA: “Una Cosa Descaradamente Buena” 

DRAMATURGIA Y DIRECCIÓN: Misael Garrido 

ACTUAN: Daniel M. Cervantes y Camila Torres Cantú.  

DÓNDE: Teatro La Capilla.  

DIRECCIÓN: Madrid 7, Del Carmen Coyoacán.  

CUÁNDO: Jueves 20:00 hrs. Hasta el 28 de Junio.  

COSTO: $300, $250, $200, $150, $100 y $50. Entrada general. Boletos en taquilla y en www.redticket.com.mx 

DURACIÓN: 60 minutos sin intermedio 

DATOS DEL TEATRO: No cuenta con estacionamiento o valet parking. Les recomendamos revisar el resto de su cartelera.  

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años de experiencia en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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