LOS PINGÜINOS

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Para quienes entienden que hay pájaros que, a pesar de tener alas, nunca podrán volar.

LOS PINGÜINOS

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (@RiAlCastillo)

“A nadie le viene mal un poquito de ficción.”

Año nuevo. La noche más fría del año. Ocasión perfecta para que dos parejas, cuatro amigos, se reúnan para platicar, beber demasiada cerveza, quizás comer una pizza si es que alcanza el dinero, y destrozarse los unos a los otros. Al ritmo de la música saldrán a la luz secretos que han sido guardados en los más profundo del closet, se revelarán favores con un precio demasiado alto, y los sueños construidos en el aire se desvanecerán en la nada tal y como lo hace esa ave del ártico que decidió caminar en dirección contraria.

“Una cosa es vacacionar, otra cosa es emigrar.”

Poner a dos parejas en una situación límite a partir de los secretos que esconden, los rencores que se tienen y mucho alcohol es una muy conocida y probada formula dramatúrgica que se ha venido utilizando en repetidas ocasiones en el teatro desde que Edward Albee la perfeccionara con la icónica obra ¿Quién le Teme a Virginia Woolf?. “Los Pingüinos” del escritor Hasam Díaz es un melodrama con ciertos toques de comedia que le da un giro interesante a esta narrativa a partir de plantearla entre cuatro jóvenes adultos perdidos en un mundo que pareciera empecinado en querer destruir sus sueños, obligarlos a hacer cosas que no desean, a ser quienes no son en realidad.

“No se trata de infidelidad, se trata de lealtad.”

Una historia pornográfica entre un gordo asqueroso de pene chiquito y una chica bonita de ojos verdes con pijama de Hello Kitty es el preámbulo ideal para la vorágine de agresión que se desata entre amigos y parejas una vez que toda la verdad sale a la luz. A pesar de tener una construcción narrativa que podría caer en lo obvio y poco sutil, sobre explicando lo que queda evidente al espectador, “Los Pingüinos” resulta valiosa en la manera en que retrata la soledad, frustración y presión que viven las jóvenes generaciones en alcanzar sus propias metas sin siquiera estar seguros de cuales sean. El resultado es atractivo, principalmente para ese espectador joven que se verá reflejado en cualquiera de las cuatro disfunciones mostradas en escena.





“Jodido, pero no pobre como tú.”

Xavier, ya embriagado, decide poner la música a un volumen demasiado alto. Ante la imposibilidad de ser escuchados, el resto de los personajes se comunican entre sí levantando hojas de papel con el diálogo impreso para que ser leído por el público. Haciendo uso de toda una gama de recursos y trucos escénicos, el director Adrián Asdrúbal Galindo Vega intenta imprimirle a “Los Pingüinos” una cierta teatralidad que, aun cuando sea interesante, resulta innecesaria y termina por traicionarse a sí misma. Ejemplo de esto es la manera en que convierte el escenario en un espacio minúsculo para reflejar el diminuto departamento de los protagonistas, teniendo al final que no respetarlo o viéndose en la necesidad de subir a los actores a las sillas sin justificación alguna para que los trazos sean posibles. Ciertamente hay talento y potencial en la propuesta, así como fuertes aciertos como la presencia de un inflable al final de la puesta como ácida burla a la miseria que los mismos personajes se han provocado. Es en esos puntos donde se deberá de sustentar un crecimiento en futuros proyectos.

“Perdimos un chingo de tiempo planeando un futuro que ninguno de los dos quería.”

Anuncios llenos de gran felicidad, amenazas veladas, sueños con revoluciones y mudanzas, el cansancio que provoca el trabajar en una oficina detestable por un sueldo insuficiente e intentos de plática casual. El joven elenco de “Los Pingüinos”, conformado por Natalia Alanis, Yun Flores, Jonathan Persan y Sergio Rüed consiguen resultados aceptables y fluidos en general, a pesar de ser trabajos mucho más basados en la forma y en el pretender que en el sentir desde un punto de verdad emocional. Sin embargo, es importante destacar el trabajo de Rüed quien a momentos logra proyectar la euforia desesperada de una persona que se sabe a punto de caer en el precipicio, pero que se niega con todas sus fuerzas a renunciar a sus sueños. De igual manera es necesario también aplaudir la labor actoral de Persan quien convence tanto en su despiadada soberbia como en su lamentable ruego por sostener una mentira imposible de ocultar.

“El tiempo no ha sido bueno con nosotros.”

Volar es lo más lógico cuando uno tiene alas, ¿qué no? Las alas de los jóvenes son fuertes, de bello plumaje, rogando cada día por desplegarse en todo su esplendor para emprender un vuelo que los lleve lo más cerca posible del sol. El problema es que a veces la vida se encarga de cortarlas, de frustrar los sueños, de matar las ilusiones, de terminar por completo con la posibilidad de ser feliz. A mí me pasó a los 23, cuando decidí abandonar el teatro por un trabajo que me diera estabilidad. Sin embargo, aunque parezca que todo está acabado, nunca es demasiado tarde pues esas alas nunca desaparecen. Lo digo por experiencia, pues mi vuelo lo comencé hasta poco antes de cumplir los 40 y aun no tengo planeado aterrizar.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “Los Pingüinos”

DRAMATURGIA: Hasam Díaz

DIRECCIÓN: Adrián Asdrúbal Galindo Vega

ACTUACIÓN: Natalia Alanis, Yun Flores, Jonathan Persan y Sergio Rüed.

DÓNDE: Teatro El Milagro

DIRECCIÓN: Milán 24, Colonia Juárez.

CUÁNDO: Martes y Miércoles 20:30 y Jueves y Viernes 18:00 hrs. Hasya el 27 de Octubre.

COSTO: $160. Disponibles en taquilla. Aplican descuentos.

DURACIÓN: 60 minutos sin intermedio.

DATOS DEL TEATRO: No cuenta con estacionamiento o valet parking.

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Juan Carlos Araujo

El mundo es un lugar horrible, horrible. Eso no significa que yo tenga que ser una persona horrible. EL JUEGO QUE TODOS JUGAMOS ALEJANDRO JODOROWSKI

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