SIMULACRO DE IDILIO

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Para quienes quieren ver una magistral comedia de enredos sobre la hipocresía.

SIMULACRO DE IDILIO

“Me gustaría saber si soy candidato.”
 

Palacios es un hombre, profesor y esposo hecho y derecho, lleno de rectitud y valores, lo que se conoce como un  hombre de bien. ¡Perfecto candidato para la plaza que se ha abierto en la escuela! Desafortunadamente, él vive dentro de una sociedad absolutamente corrupta, donde las esposas se desenamoran y traicionan, los abogados son el perfecto ejemplo de la escoria humana, cualquier papanatas tiene en sus manos el poder de decidir el futuro profesional de los demás y unas nalgas tienen el mismo peso que cualquier logro alcanzado a través del trabajo honesto. Lo bueno es que uno siempre se puede escapar a ese maravilloso mundo, perfecto e intocable, que existe en la mente. Palacios es igual que todos, sólo hay que darle un ligero empujoncito para que se caiga al abismo.

“¿Ves alguna mancha en mi carrera?”
 

¿Hasta qué punto puede un hombre mantenerse firme en sus convicciones, viviendo dentro de un mundo que pareciera hace todo lo posible para que se quiebre? “Simulacro de Idilio”, del reconocido dramaturgo y director mexicano David Gaitán, nos invita a presenciar un espiral descendente fuera de control cuando un hombre, que se jacta de su calidad moral, es obligado a entrar en contacto con los rincones más oscuros de su ser y traerlos a flote. Una dura crítica social a la hipocresía que aqueja a absolutamente cada uno de sus miembros, que se convierte en un desquiciado viaje frenético que mantiene a los espectadores fascinados y doblados de la risa. Esto debido a que Gaitán ha elegido como vehículo para su discurso uno de los géneros más menospreciados, y menos entendidos, entre los estudiosos de las artes escénicas: la comedia de enredos.

“Tengo que declararme ante la SEP como un pendejo incapaz de tomar una decisión.”
 

Lo primero que uno nota es la propuesta escénico-visual de “Simulacro de Idilio” que, por decir lo menos, es inteligente e interesante. La escenografía de Mario Marín del Río es versátil y poderosa, al utilizar unas bancas escolares y unas sillas para mostrar con sumo ingenio, tanto lo que sucede en el mundo físico, como lo que existe dentro de la mente de los participantes. A esto se suma el trabajo de iluminación de Matías Gorlero, quien consigue crear diferentes espacios y ambientes en tan pequeño espacio con gran acierto. Un trabajo de equipo, incluyendo el muy interesante maquillaje a manos de Amanda Schmelz, logra revestir a “Simulacro de Idilio” en un aura de teatralidad que podría ensombrecer el sentido del texto, de no ser por el muy atinado uso que hace Gaitán de todos los elementos a su disposición, incluyendo boings congelados, proyecciones en los pupitres y una verdadera avalancha de avioncitos de papel sobre los asistentes. “Simulacro de Idilio” es una propuesta de autor que encierra un potencial enorme a medida que David siga extendiendo sus alas creativas.

“¡Estoy compitiendo con una gorda que no tiene ni el diez por ciento de mis méritos!”
 

El verdadero éxito de “Simulacro de Idilio” radica en que Gaitán entiende cual es el punto más delicado a cuidar dentro de las comedias de enredos: el ritmo. Un calmado inicio va poco a poco cobrando fuerza a medida que todas las vertientes de la historia se van revelando, hasta alcanzar un ritmo frenético que de verdad provoca carcajada tras carcajada. Un canto en alemán a viva voz por parte de una figura mítica puede que confunda y desconcierte de entrada a gran parte del público, pero una vez enganchados con la historia, no se les suelta hasta el oscuro final.

“Ahora hay un abogado metido en mi intimidad.”
 

Claro que nada de esto sería posible sin un enorme trabajo actoral de cada uno de los integrantes del elenco. Empezando con la enorme labor de Carlos Orozco como el profesor Palacios, quien se va descomponiendo ante nuestra mirada a medida que la realidad en la que cree vivir se va desmadejando; tanto Miguel Romero como Alejandro Morales son seres repugnantes como el director de la escuela y el abogado respectivamente, pero cada uno aportando una estética muy clara a su propio personaje; Amanda Schmelz, a quien admiro tras haber visto su último trabajo en “Rose” (crítica en www.entretenia.com), es igualmente desagradable como la esposa insatisfecha de Palacios, igual o peor que la asquerosa de la maestra Yolanda, interpretada por Milleth Gómez. Sara Pinet compelta el grupo como la “inocente” Julia, una joven que no merece ninguna conmiseración. Un grupo de seres horrendos a manos de hermosos actores que se ganan mis aplausos, admiración y respeto.

“Al carajo, fue un placer conocerlos.”
 

Como bien lo dijo el tan famoso Dr. House, todos mentimos. Aquel que lo niega está mintiendo también. Siempre he pensado que las personas más corrompidas son aquellas que se jactan de qué tan virtuosas son. Yo trato de ser honesto, de no mentir, pero siempre hay cosas en mi cabeza, opiniones sobre los demás, fantasías perversas, que no comparto con absolutamente nadie más que con mi almohada. Soy humano y, por ende, fallido. Lo reconozco y lo acepto, sin ser cínico. Tal vez si todos lo hiciéramos seríamos un poco más felices. Lo que sí les puedo decir es que yo definitivamente no puedo lanzar la primera, ni la segunda, ni ninguna piedra.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

 

OBRA: “Simulacro de Idilio”
DRAMATURGIA Y DIRECCIÓN: David Gaitán
ACTÚAN: Harif Ovalle, Amanda Schmelz, Miguel Romero, Alejandro Morales, Milleth Gómez y Verónica Bravo.
DÓNDE: Teatro Helénico
DIRECCIÓN: Avenida Revolución 1500.
CUÁNDO: Miércoles 20:30
COSTO: $150, aplican descuentos. Boletos en taquilla y ticketmaster.
DURACIÓN: 70 minutos sin intermedio.
DATOS DEL TEATRO: Cuenta con valet parking

 

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años de experiencia en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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