LA EXAGERACIÓN

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Para quienes quieren participar de un acto de comunión teatral con un viejo hiperbólico y una joven iracunda.

LA EXAGERACIÓN

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (@RiAlCastillo)

“En 1968 yo ya era quien era.”

Entre una reconocida carrera de 68 años y la insaciable hambre de finalmente poder subir al escenario hay un abismo generacional que pareciera imposible de franquear. Sobre el escenario, en una silla donde alguna vez se sentó Vania, habitan recuerdos de trabajar con Margules, de haber sido el elegido de Gurrola, de haber visto caer a Luna en la Sala Covarrubias. Fuera de él, exasperada ante la necesidad económica y el verse orillada a ser cuidadora involuntaria de un hiperbólico histrión, una asistente hierve en furia contenida. Los años y sus formas de pensar los separan, el amor por el teatro los une y los delata.

“Cada teatro tiene su fauna.”

Entre la ficción y la realidad hay un escenario de distancia. En su más reciente obra intitulada “La Exageración”, el dramaturgo y director David Olguín presenta una carta de amor-odio al teatro que delata la tan compleja relación que existe comúnmente entre el arte escénico y aquellos que dedican su vida a él. En voz de dos personajes/actores, un veterano actor de la edad y carrera de Mauricio Davison y una joven asistente de escasos 23 años con enormes ambiciones actorales, tal y como seguramente tiene la actriz María del Mar Náder Riloba, Olguín revela las dificultades económicas que viven ambos extremos polares al tratar de vivir del teatro, la inmensa felicidad que puede traer el interpretar a un gran personaje, el precio a veces se debe pagar por subir a las tablas, los contrastantes sentimientos que se viven y que queman por dentro, los recuerdos de toda una vida buscando el aplauso.





“Sirvo al teatro, no me sirvo de él.”

El actor protagonista de edad avanzada y la muy joven asistente esperan la llegada del director, David justamente, mientras ensayan un montaje de El Mercader de Venecia, obra dirigida por Olguín que protagonizara Davison recientemente.  Durante el proceso de ensayos, las dificultades de comunicación entre ellos se intensifican, enrarecen el aire que circula, produciendo que sus temperamentos saquen a relucir sus verdaderas caras, revelando frustraciones, anhelos y enojos. Profundamente íntima en su concepción y desarrollo, “La Exageración” va mucho más allá de la forma de sentir de su creador con respecto al teatro. En voz de Shakespeare o de Chejov, en lenguaje teatral clásico, en otro idioma o como lenguaje performático, Olguín explora la evolución del arte mismo, aquello que distancia y que une a las generaciones, así como las pasiones que incendian a los jóvenes, para bien o para mal, como los placeres imposibles de disfrutar cuando la piel deja su lugar para lamentablemente colgar. La diestra y poética pluma del dramaturgo brilla en todo su esplendor al dedicar sus letras al lugar que ha convertido en su hogar.

“Envejece el cuerpo, no el hombre.”

Veinte espectadores en la sala, dos actores en un escenario prácticamente vacío salvo por la caja fuerte de Shylock y una silla que cambia constantemente de lugar. En este espacio de complicidad entre espectador y hacedores teatrales, se va detonando poco a poco pero inexorablemente una bomba que culminará con una pared grafiteada con una única palabra que encierra el sentir de una joven que termina siendo consolada en brazos de un anciano que no encuentra salida más que en desnudar su alma. La dirección que propone Olguín a su propia dramaturgia hace de “La Exageración” un acto de voyerismo donde el público presencia un momento de absoluta revelación e intimidad entre los que se encuentran en escena donde se amarán y destrozarán sin piedad. De tal manera, una entrañable melodía a cargo de Alfred Gariévich Schnittke que se escucha desde un celular se transforma en una entrañable escena cargada de emotividad al invadir todo el espacio y llevando a los actores a bailar con dulzura en medio del escenario, mismo que será lugar de una feroz interpretación por parte de la actriz al dejar liberar su ira sobre una mesa.





“Yo quiero hacer, no mirar.”

Dado que Mauricio Davison y María del Mar Náder Riloba interpretan a versiones teatralizadas de sí mismos en un acto entre lo exhibicionista y devastador, sus actuaciones se encuentran cargadas de una verdad casi abrumadora. Mientras que Davison comparte de manera casi enternecedora pero a la vez fascinante sus recuerdos de cómo actuaba en 1968 bajo la dirección de Ludwik Margules, Náder Riloba revela un fuego interno que abruma al momento de gritar con desesperación sus ansias por poder habitar ese espacio reservado sólo para aquellos que tienen el privilegio de considerarse actores. El resultado es sobrecogedor por su poder y energía donde en 85 minutos se desenvuelve un tour de force que revelará un corazón sangrante de lápiz labial y una ambiciosa mujer se convertirá en una niña perdida, un anciano confesará sus aun muy reales deseos, una jovencita descubrirá el costo emocional que cobra el teatro a quienes deciden llamar a su puerta.

“Dije algo importante y no se oyó.”

Mauricio Davison exclama una y otra vez la palabra esagerato en italiano, en un acto justamente exagerado ante la acusación de la asistente de ser hiperbólico en su actuar. El teatro sin exagerar no sería lo mismo, los actores no podrían serlo si no llevaran sus emociones al extremo, si no las cargaran en la palma de sus manos como moneda de cambio. Lo mismo puedo decir de este crítico que, llevado por la pasión del momento, ha sido capaz de declarar maravillas ante un trabajo que quizás con la perspectiva que da el tiempo no lo era tanto. La exageración es parte integral del teatro, desde sus letras hasta su interpretación, no importa que tan íntima sea la puesta en escena.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “La Exageración”

DRAMATURGIA Y DIRECCIÓN: David Olguín

ACTUACIÓN: Mauricio Davison y María del Mar Náder Riloba.

DÓNDE: Teatro El Milagro

DIRECCIÓN: Milán 24, Colonia Juárez.

CUÁNDO: Jueves y Viernes 20:30, Sábado 19:00 y Domingo 18:00 hrs. Hasta el 5 de Agosto.

COSTO: $250. Disponibles en taquilla y en www.boletopolis.com Aplican descuentos.

DURACIÓN: 85 minutos sin intermedio.

DATOS DEL TEATRO: No cuenta con estacionamiento o valet parking.

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años de experiencia en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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