HARD CANDY

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Para quienes buscan estar pegados a su asiento en horror

HARD CANDY

Recuerdo hace muchísimos años (más de los que voy a aceptar) haber ido a ver una adaptación de la película de Woody Allen “Interiores” en el Teatro Julio Prieto. Recuerdo haber pensado que adaptar películas a obra de teatro no me parecía una buena idea ya que son lenguajes muy distintos que no siempre son traducidos exitosamente. En aquella ocasión salí impactado por la adaptación que se hizo y por la concepción escénica que crearon, logrando recrear y reconceptualizar  la visión que consiguiera Allen en el cine. Con la obra Hard Candy que se presenta en el Teatro Helénico los fines de semana, me sucedió una vez más.

En 2005 se estrenó la película Hard Candy (en México llamada Niña Mala), con las estupendas actuaciones de Ellen Page y Patrick Wilson. Fuerte e impactante, me volví fan de la película y desde entonces la debo de haber visto más de cinco veces. Podrán imaginar mi enorme interés cuando me entero que se estrena una adaptación mexicana de la misma y, más aún, en el Teatro Helénico. Una mezcla entre curiosidad y temor me dominaron y simplemente tenía que ir a verla. Estos sentimientos se vuelven mucho más exacerbados en cuanto me entero de que la adaptación la hace el renombrado Luis Mario Moncada. La fórmula era o un éxito o un desastre monumental. Hard Candy en el Teatro Helénico, dirigida por Anilú Pardo y Mario Mandujano y estelarizada por Tessa Ia y Arap Berthke es un gran éxito. 

“Que una niña sepa imitar a una mujer, no significa que esté lista para hacer lo que hace una mujer”. Haley es una niña de dieciséis años, que, tras chatear durante varios días con Jeff, fotógrafo treintón con un cierto apetito por jóvenes menores de edad, acepta ir a su casa para tomar un trago. Este hecho y la frase que pronuncia son el inicio de una pesadilla donde el  cazador se vuelve víctima y se encuentra en las manos de una “niña” que decide tomar venganza contra este depravado sexual. 

Me encantaría ahondar mucho más sobre lo que sucede en la obra, pero encuentro sumamente difícil hacerlo sin vender trama y sin revelar los secretos que encierra la historia. Lo que puedo comentar es que durante el segundo acto, en un momento muy específico, volteé a ver al público y la mitad, los hombres, tenían la cara desencajada en incredulidad y horror mientras que la otra mitad, las mujeres, esbozaban una sonrisa perversa que me pareció sencillamente perturbadora. Esas son el tipo de reacciones que puede provocar Hard Candy.

El primer acierto que salta a la vista, a menos de diez minutos de iniciada la obra, es el manejo del espacio escénico. El trabajo visual de Jesús Hernández resulta innovador en su uso de proyecciones por todo el escenario y en los telones así como por su conceptualización de un espacio rojo que cobra vida propia a medida que la obra avanza. Me encontré a mí mismo con la boca abierta hacia el final de la obra, cuando un increíblemente sencillo movimiento de escenografía logra un efecto visual que marca exactamente la imagen de estar todos atrapados en las redes de estos dos monstruos. El público es invitado a entrar a la trampa que se han puesto y, honestamente, asusta. 

El otro acierto es el elenco. La inocente Haley cobra vida en manos de Tessa Ia, quien logra la mezcla exacta entre inocencia y locura. Hay un balance muy delicado en este personaje pues la mitad del tiempo tenemos que sentir empatía y ternura por esta dulce niña que está siendo cazada por el depredador sexual, mientras que la otra mitad nos debe llevar a temerle y a momentos pensar si no sería mejor lidiar con Jeff a estar en manos de esta loca escuincla. Tessa se entrega al papel, devorando golosamente un pastel de chocolate, justo como lo haría una niña de su edad o ejerciendo su venganza sobre su nueva presa. 

Por el otro lado, Arap Berthke es Jeff quien, igualmente, se muestra humano y monstruo; víctima y psicópata; pedófilo e inocente. Uno sencillamente nunca termina de condenarlo o perdonarlo pues la dualidad que consigue nos confunde. Además, no puedo imaginar el nivel de cansancio con el que debe de terminar Arap tras dar dos funciones al día, siendo que una gran parte de la obra se la pasa atado de manos y pies, ya sea a una silla o a una mesa, siendo torturado y forcejeando. Un gran trabajo actoral que demuestra su potencial y rango.

Probablemente el único punto que no terminó de cuadrarme durante la función fue la decisión de no tropicalizar la obra a nuestro país, siendo que el tema resulta actual y mundial. Aclaro que nunca he sido muy afecto a estas adaptaciones a nuestra cultura, pero en el caso de Hard Candy creo que se hubiera beneficiado. Sobre todo en decisiones como utilizar términos y palabras en inglés que pueden ser importantes para el entendimiento de la trama. No todo mundo en nuestra ciudad habla otro idioma.

Hard Candy es una muestra del buen teatro que se puede ver en México cuando los talentos adecuados se conjuntan en armonía. Una mezcla entre un fuerte guion, acertada dirección y estupendas actuaciones en una escenografía que luce en todo momento hacen de Hard Candy una obra aterradora que nos tiene al borde del asiento. Les garantizo que disfrutarán la obra tanto como disfrutarán la cena después donde no podrán dejar de discutir lo que presenciaron, por lo menos, por unas dos horas. La obra lo amerita y lo merece. Hard Candy es un acierto mas en el historial del gran Teatro Helénico.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)
OBRA: Hard Candy
DONDE: Teatro Helénico
DIRECCIÓN: Avenida Revolución 1500, Colonia Guadalupe Inn.
CUANDO: Viernes 19 y 21:15 hrs, Sábado 18 y 20:30 hrs y domingo 18:00 hrs.
COSTO: $400 y $350
DURACIÓN: 2 horas con un intermedio
DATOS DEL TEATRO: EL Teatro Helénico es sin duda uno de los teatros con más renombre en la ciudad. Normalmente una obra que se presenta ahí es sinónimo de calidad. Lástima que los lugares son muy reducidos y gente alta se puede sentir un tanto incomoda.
FUERA DE TEMPORADA
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Juan Carlos Araujo

El mundo es un lugar horrible, horrible. Eso no significa que yo tenga que ser una persona horrible. EL JUEGO QUE TODOS JUGAMOS ALEJANDRO JODOROWSKI

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