DOGVILLE

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Para quienes desean ver una puesta en escena de la icónica película de Lars Von Trier.

DOGVILLE

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)
Fotografías: Ricardo Castillo Cuevas (RiAlCastillo)

“Esta es la triste historia del pueblo de Dogville.”

El silencio que normalmente impera en la pequeña comunidad que se encentra a lado de una mina de plata abandonada se rompió por un ladrido diferente a los de siempre. Grace había llegado. Huyendo de gangsters, la hermosa joven consiguió asilo entre todos los generosos y bien intencionados habitantes, quienes a regañadientes aceptaron su ayuda a cambio de protección. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que el lado más oscuro del hombre sacara a relucir sus afilados colmillos y una mano amiga se convirtiera en una bofetada que culminaría en un infierno de llamas y sangre.

“Capitulo 1: En el que Tom oye disparos y conoce a Grace.”

El prolífico y controversial cineasta danés Lars Von Trier filmó “Dogville” en 2003 como parte de una aún inconclusa trilogía enfocada en criticar la sociedad norteamericana. Considerada por muchos como una obra maestra, por otros como una pretenciosa experimentación fílmica de 3 horas de duración, esta película pone en evidencia de manera cruda y brutal la bestialidad humana, así como su capacidad destructiva más nociva, al mostrar la manera en que toda una comarca se comporta cuando recibe un poco de poder sobre un ser humano necesitado de ayuda. Catalogada como una tragedia de crimen y venganza, “Dogville” deja en claro que, bajo la amabilidad, la sensibilidad y la generosidad, el ser humano esconde su capacidad de cometer los más nefandos actos de violencia sin el más mínimo arrepentimiento.




“Sólo se puede conocer a alguien a través de la convivencia.”

Un prólogo y nueve capítulos. De la sonrisa amable a violaciones consensuadas por el pueblo entero, de la caridad a la esclavitud más abyecta, toda una gama de personajes abusa de Grace ya sea con una falsa promesa de amor o con el simple acto de romper una figura de cerámica. Miguel Cane traduce más que adapta “Dogville” a teatro respetando casi en su integridad el texto de Lars Von Trier, el cual ya era bastante teatral para empezar. El camino de Grace es largo, a veces muy cansado en sus casi tres horas de duración. Dado que el cine y el teatro son lenguajes diferentes, uno no puede dejar de preguntarse si un trabajo de síntesis por parte de Cane no hubiera sido bienvenido en vez de mantener por completo extendidas escenas y diálogos que a momentos se perciben como innecesarios o repetitivos. Sin embargo, la anécdota creada por Von Trier es tan poderosa, tan contundente en su flagrante sadismo, que el espectador queda igualmente atrapado y sintiendo como se le enchina la piel al escuchar a Grace mencionar que su venganza sólo se detendrá si las lágrimas no corren por las mejillas de una madre al tratar a sus hijos de la misma manera en que ella fue tratada.

“Este pueblo está podrido por todas partes.”

En la película, el pueblo de Dogville no existe más que en la imaginación del espectador ya que fue filmada en una bodega vacía donde los espacios estaban marcados con pintura blanca en el piso y los elementos de utilería son mínimos. De tal manera, cuando un personaje toca a una puerta, su mano se mueve en un espacio vacío pero los toquídos se escuchan, al igual que los ladridos de un perro que jamás se ve en pantalla. La misión del director: enfatizar la actoralidad y el factor humano, eliminar al máximo el artífice cinemtográfico y, podría decirse, hacer teatro en celuloide. En lo que podría percibirse como un intento por emular el material original sobre el escenario, el director de “Dogville”, Fernando Canek, busca reproducir los mismos elementos de la película sin alcanzar los mismos resultados. Viviendas que no están claramente definidas en el espacio, un diseño de audio irregular y poco funcional que ensucia la propuesta más de lo que la enriquece, elementos de utilería que a momentos se usan de manera realista y en otros de forma sugerida y un universo que propone reglas teatrales que más adelante no son respetadas son algunos de los muchos aspectos que aún se deben fortalecer o corregir para que la visión escénica de la película cobre una vida propia y no se perciba como una copia infructuosa. Un ejemplo de esto se demuestra la primera vez que Grace es agredida sexualmente. En ella, el personaje masculino que la asalta la avienta al suelo con violencia para segundos después desnudarse parcialmente y arremeter contra ella. En una escena similar en el segundo acto en el interior de un camión, hay una escenificación ligera, casi inocente de una violación, donde los involucrados apenas si se tocan las vestimentas. Es en este tipo de inconsistencias donde el mundo que existe dentro del escenario no sigue ni sus propias leyes o las establecidas por el mismo Lars Von Trier dejando, al menos para mì, con la interrogante sobre cuál es la propuesta y visión del propio Canek al llevar esta historia a escena. Una vez dicho esto, resulta admirable y aplaudible la manera en que el director consigue crear un omnipresente personaje en la figura del pueblo entero conformado por la entereza de sus habitantes.




“Puedo ser un niño malo… muy malo.”

Un hombre que ha creado una dura fachada para sobrevivir el duro mundo que habita esconde un afecto con sabor a manzanas frescas, una esposa enfurecida que ejecuta su ira con sádica delicia, un ciego con sonrisa encantadora, pero manos demasiado largas, un bueno para nada disfrazado de filosofo que resulta más monstruoso en su amor que todos los demás. La verdadera magia en “Dogville” se descubre en un elenco sólido en su gran mayoría que logra magia donde la protagonista no lo consigue. Sergio Bonilla, Claudia Ramírez, Carmen Delgado, Mercedes Olea, Luis Miguel Lombana, Pablos Perroni, Gerardo González, Rodolfo Arias, Judith Inda, Francisco de la Reguera, Ana Kupfer, Christopher Aguilasocho, Diego Cooper, Francisco Hernández Castelán, Jerónimo Suárez Inda, Alán Tellez y Carlos Fernández trabajan con variantes grados de verdad y fractura escénica, pero de manera global con resultados sumamente positivos dando como resultado un ensamble verdaderamente digno de una ovación. Una vez dicho esto, resulta desconcertante la presencia de Ximena Romo en el papel protagónico. Ataviada de una manera que imita casi a la perfección la manera en que Nicole Kidman lucía en la película, incluyendo una peluca güera con el mismo corte, Romo presenta una Grace sin matices ni fondo, que demuestra la misma intención dramática al ayudar a recoger manzanas, mientras declara su amor al más grande de los hipócritas o al ser violentada multitudinariamente. Al ser una puesta en escena que depende por completo en sus intérpretes para que funcione, “Dogville” no alcanza a tocar las fibras emocionales o viscerales que debería al carecer de una Grace capaz de proyectarlas a las butacas.

 “Eres demasiado bonita y frágil para este lugar.”

El peor lado de la humanidad sale a flote cuando las reglas establecidas por la sociedad son ignoradas en favor de la ganancia personal, cuando la soberbia triunfa sobre los valores éticos y morales, cuando los instintos animales sobrepasan al raciocinio. Es devastador pensar que esta frase aplica con la misma exactitud al Dogville creado por Lars Von Trier como al que se presenta actualmente en el Teatro Helénico o aquel que existe a nuestro alrededor, en esta misma ciudad, con el nombre de una calle, colonia o delegación diferente. Debemos reconocer nuestra propia barbarie si es que algún día queremos que el ciclo de la violencia acabe y en verdad podamos ser una sana comunidad.

 

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “Dogville”

DRAMATURGIA: Lars Von Trier

ADAPTACIÓN: Miguel Cane

DIRECCIÓN: Fernando Canek

ACTUAN: Ximena Romo, Sergio Bonilla, Claudia Ramírez, Carmen Delgado, Mercedes Olea, Luis Miguel Lombana, Pablos Perroni, Gerardo González, Rodolfo Arias, Judith Inda, Francisco de la Reguera, Ana Kupfer, Christopher Aguilasocho, Diego Cooper, Francisco Hernández Castelán, Jerónimo Suárez Inda, Alán Tellez y Carlos Fernández.

DÓNDE: Teatro Helénico dentro del Centro Cultural Helénico.

DIRECCIÓN: Avenida Revolución 1500, Colonia Guadalupe Inn.

CUÁNDO: Lunes 20:00 horas. Hasta el 10 de Diciembre.

COSTO: $350 y $250. Disponibles en taquilla y https://www.helenico.gob.mx/

DURACIÓN: 130 minutos con un intermedio de 10 minutos.

DATOS DEL TEATRO: Cuenta con valet parking y estacionamiento.

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años de experiencia en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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