A OCHO COLUMNAS

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Para quienes desean adentrarse al podrido mundo del periodismo de los años 40s y, lamentablemente, de hoy.

A OCHO COLUMNAS

Por Juan Carlos Araujo (@jcaraujob)

 

“¿Es prudente decir la verdad?”

En la sala de espera afuera de la oficina del director de El Mundo, el mejor periódico de México, pareciera que no hay un solo momento de tranquilidad. El teléfono no para de sonar, la secretaria teclea incesantemente en su máquina de escribir siempre y cuando sus enamorados no la interrumpan, reporteros, periodistas y hasta la editora de la sección de sociales entran y salen con diferentes encomiendas o ambiciones y, de vez en cuando, hasta un poderoso diputado podría visitar listo para destruirle la carrera a un hombre honesto que interfiere con su camino. El negocio de las noticias es fascinante, de eso no cabe duda. Desafortunadamente, también esta corrupto hasta la medula.

“La prensa lo puede todo.”

Tras algún tiempo trabajando en la redacción, Carlos recibe la oportunidad de firmar un artículo con su nombre para publicación en el diario que trabaja. Esto gracias a que consiguió entrevistar al nuevo Ministro de Asistencia, el Doctor Fernández. Sin embargo, el joven y enamoradizo reportero no sabe que, tras esta maravillosa tarea, se esconden oscuros planes orquestados por el Diputado Gómez y algunos elementos clave del llamado mejor periódico de México. “A Ocho Columnas” del gran escritor Salvador Novo es una fascinante historia de ambición y corrupción con tintes enraizados en la verdad tanto en su momento de ser escrita en 1956 como en la actualidad. En ella, el dramaturgo realiza tanto una amplia exposición de los personajes que habitan el muy colorido mundo del periodismo, desde un omnipresente pero ausente director del periódico El Mundo hasta el más bajo de los reporteros, pasando por el sin escrupulosos subdirector y la chismosa editora de sociales, así como una denuncia a la forma en que se manipulan las noticias a causa de intereses políticos.





“Nosotros los periodistas tenemos derecho a… todo.”

Ciertamente la anécdota que construye Novo en “A Ocho Columnas” atrapa desde el primer minuto tanto por la bien hilada red de secretos, traiciones, manipulaciones y corrupción que se negocian en todo momento, como por una sólida colección de personajes. Celia la secretaria, quien se debate entre salir al cine con el enamoradizo Carlos o con su seductor amigo sin trabajo, el subdirector Torres quien da muestra del verdadero arte de tergiversar la verdad a su antojo, o la aparentemente superficial Marta que de tonta no tiene ni un pelo son casi estereotipos, seguramente basados en personas de la época con quienes el autor tuvo contacto en la vida real. A pesar de una adaptación por parte del también director Fernando Bonilla, donde claramente exacerba al punto de la condescendencia su intención de denunciar el periodismo político actual, y una sobre-extendida presentación de los personajes que habitan la historia, la obra se sostiene de lleno gracias a una sólida construcción dramática melodramática con fuertes tintes de comedia que divierte tanto por las risas que provoca como por lo delicioso de la historia.

“Somos los responsables de orientar al país.”

Una antesala decorada a la mejor usanza de los años cuarenta, un ambicioso joven vestido como todo un pachuco de la época, intervenciones musicales en momentos álgidos de la historia y, en su mayoría, actuaciones muy a propósito falsas. Dirigida con precisión como si se tratara de un clásico melodrama del cine de oro mexicano o una película norteamericana de cine noir, “A Ocho Columnas” es una muestra del portentoso talento que ha demostrado Fernando Bonilla como director de escena en múltiples ocasiones. Apoyado por un sólido equipo de trabajo que incluye la buena escenografía de Elizabeth Álvarez, la música y diseño sonoro de Leonardo Soqui, el preciso vestuario y maquillaje de Maricela Estrada y, sobre todo, el esplendido diseño de vestuario de Estela Fagoaga, Bonilla consigue una ambientación prácticamente perfecta y un tono melodramático al punto de lo hilarantemente ridículo, incluyendo un beso hilarantemente bien montado que podría haber sido dado por el mismísimo Pedro Infante. Parte del buen manejo escénico radica también en la manera en que el tono mencionado se logra contraponer de manera absoluta al momento de dotar al montaje de furia y verdad, principalmente en voz del desquiciado subdirector Torres. El ritmo se debe solidificar, sobre todo en el demasiado largo primer acto de la obra, eso es definitivo, pero el todo es contundente y bien logrado, un ejemplo de buena manufactura en todos los sentidos.





“No hay nada más viejo y caduco que la prensa de ayer.”

Encantador y sonriente, amable al punto de parecer dócil, el subdirector Torres llena de lisonjas a la secretaria Celia. Tras un revés en sus planes, su verdadera personalidad sale a relucir con una fiereza que roba el aliento, provocando verdadero pavor en quienes osan ponerse en su camino. Sin embargo, una vez pasada la tormenta, el carisma de Torritos sale a flote para conseguir que a aquellos a quienes acaba de destruir terminen dándole las gracias. La interpretación que realiza Luis Miguel Lombana de Torres lleva el personaje del ámbito de mero opositor al terreno de verdadero villano dotado de una fuerza escénica poderosa y abrumadora digna de una ovación de pie. Por su parte, ya sea limpiando un teléfono de cualquier impureza con su pañuelo seguramente de seda, tratando de explicar con forzada amabilidad la manera que se debe de pronunciar el suplemento que ella lleva en el periódico o totalmente desparpajada dando recolección de los trágicos eventos de la noche pasada, Sophie Alexander Katz resulta una delicia en el papel de la muy sofisticada Marta, llevando a su personaje a las últimas consecuencias de la comicidad. Es un verdadero placer el poder decir que cada uno de los miembros del elenco que conforman “A Ocho Columnas” brillan en sus respectivos papeles, desarrollándolos a la mejor usanza de actuación de los años cuarenta. José Carriedo como el tímido reportero que sacará la casta por sus valores y amores, Pedro de Tavira como el muy taimado Judas de la historia, Arnoldo Picazzo como el corrupto diputado Gómez y Alondra Hidalgo como la muy sufrida pero coqueta secretaria entienden claramente el tono actoral que se busca en la puesta en escena y se lleva a cabo con precisión en todo momento, siendo este quizás uno de los puntos más encomiables de todo el montaje.

“Desde la distancia y el anonimato siempre seré tu amigo.”

De acuerdo con el Comité para la Protección de Periodistas, más de 42 periodistas han sido asesinados en nuestro país desde el año 2006, 6 tan sólo el año pasado. Estoy convencido de que la cifra real es más alta. Por otro lado, hay un número ni remotamente tan alto que se ha visto sustancialmente beneficiado por lo que se conoce en el medio como “Chayote”, recibir dinero a cambio de privilegiar a alguien en la prensa. Nuestro país es uno profundamente contrastado donde aquellos que gozan de su posición son capaces de ver cómo se engrosan sus cuentas de banco mientras que sus compañeros reporteros son bestialmente aniquilados. Esto debió parar a mediados del siglo pasado, debe parar en 2018. Debe de parar.

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DATOS GENERALES

(Toda la información contenida a continuación proviene de la producción)

OBRA: “A Ocho Columnas”

DRAMATURGIA: Salvador Novo

ADAPTACIÓN Y DIRECCIÓN: Fernando Bonilla

ACTUACIÓN: Luis Miguel Lombana, Sophie Alexander Katz, Alondra Hidalgo, Pedro de Tavira, Arnoldo Picazzo,  José Carriedo y Jerónimo Best (alternando funciones).

DÓNDE: Teatro Orientación dentro del Centro Cultural del Bosque.

DIRECCIÓN: Paseo de la Reforma y Campo Marte S/N.

CUÁNDO: Jueves y Viernes 20:00, Sábado 19:00 y Domingo 18:00 hrs. Hasta el 23 de Septiembre.

COSTO: $150 entrada general. Boletos en taquilla y ticketmaster. Aplican descuentos.

DURACIÓN: 130 minutos con un intermedio de 10 minutos.

DATOS DEL TEATRO: El Centro Cultural del Bosque cuenta con una extensa cartelera en sus diferentes teatros, les recomendamos revisarla. Cuentan con dos estacionamientos gratis al mostrar sus boletos para la obra. Se encuentra detrás del Auditorio Nacional.

 

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Juan Carlos Araujo

Licenciado en Literatura Dramática y Teatro con experiencia de más de veinte años de experiencia en crítica teatral. Miembro de la Muestra Crítica de la Muestra Nacional de Teatro y Miembro de la Agrupación de Críticos y Periodistas de México.

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